Cuatro actores como pocos
Por Aquilino José Mata
La semana pasada les comenté la obra "Monogamia", del
escritor, psiquiatra y dramaturgo chileno Marco Antonio de
la Parra, que se está presentando en el Teatro Trasnocho.
En esta pieza, que narra la conversación entre dos
hermanos sobre un tema muy de hoy, Antonio Delli encarna a
un empresario de éxito que presume de ser monógamo,
mientras Javier Vidal desempeña el rol de un escritor,
infiel e irresponsable, según la óptica de su atildado
hermano.
Aquí todo se sustenta en un diálogo fluido e ingenioso y
en la impecable y atrayente interpretación de los dos
actores. A medida que transcurre la trama, se va poniendo
al descubierto la verdadera esencia de los protagonistas:
ni Juan es tan correcto como parece, ni Felipe es un
irresponsable e infiel como aduce su hermano.
¿Monogamia? es una eficaz radiografía de la falta de
autenticidad que revelan los seres humanos ante la
imposibilidad de ser fieles a sí mismos y a sus propias
utopías. El texto es chispeante, ágil y lleno de sorpresas
que nos llevan a no perder un solo detalle. Durante la
hora y veinte minutos que dura la obra, nos regocijamos de
que su interpretación haya recaído en dos actores de la
talla de Vidal y Delli, quienes salen más que airosos de
este compromiso.
En la misma sala debutaron el fin de semana pasado
otros dos actores de primera línea: Carlota Sosa e Iván
Tamayo. Y lo hicieron con Al pie del Támesis, una obra
corta, de apenas una hora, de Mario Vargas Llosa.
El notable escritor peruano ha dicho que esta pieza nació
a partir de una conversación con Guillermo Cabrera
Infante. Su colega cubano le había relatado, sin perder
aún el asombro, su reencuentro con el poeta venezolano
Esdras Parra, quien décadas después de la última
despedida, había cambiado visiblemente. Se había
convertido en una celebrada poetisa.
Esta situación dio pie para que Vargas Llosa escribiera un
texto, en tono de tragicomedia, ambientado en Londres. La
trama muestra a Chispas Bellatín (Iván Tamayo), quien es
visitado por la supuesta hermana de su viejo amigo Pirulo
Saavedra, Raquel Saavedra (interpretada por Carlota Sosa).
Durante la conversación, ella le reclama la forma en que
trató y luego se alejó de su supuesto hermano, quien había
intentado besar a Bellatín en la regadera de un gimnasio,
recibiendo a cambio un contundente golpe de parte de su
mejor amigo, episodio que propició que desde entonces
dejaran de verse.
Chispas Bellatín, luego de exponer sus razones para tal
alejamiento, se da cuenta de que Raquel Saavedra no es
otra que el mismo Pirulo, pero transformado en mujer,
luego de una dolorosa y larga operación de cambio de sexo.
Es a partir de aquí cuando la obra desencadena todo su
poder dramático, el mismo que le da pie a Carlota Sosa e
Iván Tamayo para desplegar todas sus potencialidades
histriónicas, mostrándolos sobrados y sencillamente
atrayentes en escena. Pieza, sin duda, breve pero difícil,
que requiere de dos actores de probado talento e
inteligencia.
La dirección siempre experta de Héctor Manrique y el
vestuario de Eva Ivanyi contribuyen igualmente a darle
relevancia a este montaje, donde la calidad y el buen
hacer profesional son lo predominante.
El
Mundo, 11 de agosto de 2008
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