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Críticas
Un Teatro de estreno y unas brujas de
re-estreno.
por Luis Alberto Rosas
El golpeado teatro caraqueño por fin
ganó una a su favor, y gracias al empeño de la empresa privada se inauguró
el nuevo Teatro Premium, en la urbanización Los Naranjos. Bajo la
dirección artística del hombre de teatro Basilio Álvarez, las artes
escénicas venezolanas conquistaron un espacio en el Este de la ciudad. Una
tacita de plata, al estilo de la Comedie
française, en pequeño formato
es esta sala que alberga doscientos puestos para disfrutar del mejor
teatro producido en nuestro país.
Para celebrar este acontecimiento, el
grupo Actoral 80 retomó su ya estrenada comedia dramática Brujas,
del español
Santiago Moncada,
versionada por el argentino Luis Agustoni, con un remozado elenco de
primeras figuras: Violeta Alemán, Fabiola Colmenares, Beatriz Valdés,
Amanda Gutiérrez y Francis Romero, bajo la dirección de Héctor Manrique y
la producción de Carolina Rincón.
Esta nueva temporada muestra un
despliegue de fascinantes interpretaciones, son cinco actrices de las
mejores cotizadas en nuestro país y que han demostrado junto a su director
y una cuidada producción que cuando se quiere ofrecer un producto de
calidad, amparados por un extraordinario texto, se logran conjugar todos
los elementos para el éxito. Alejados de la chavacanería y de la risa
fácil que es a lo que nos tenía acostumbrados el teatro caraqueño, este
montaje goza del buen decir y brinda al público el privilegio de ver a
nuestras veteranas haciendo alarde y despliegue de su extraordinario
talento. Observamos a una Fabiola Colmenares madura y encontrando el
savoir faire de su profesión, definitivamente el teatro engrandece el
oficio. Violeta Alemán plena de un carácter y un juego de transiciones
exquisitas en el rol de la dueña de casa traicionada por alguna de sus
“amigas”. Amanda Gutiérrez, desenfadad, divertida y aplomada, brinda al
público un cuidado rol que no permite olvidar el arte que corre por sus
venas; por su parte, Beatriz Valdés, quien viene del elenco anterior,
aunque se pudiera pensar que por tantas funciones ya pierda la frescura de
su personaje, deja al público pegado a sus butacas con su arrolladora
caracterización de la prostituta fina, es un placer oír el texto de
Moncada en sus labios y para cerrar el cuadro, la histriónica Francis
Romero, que invade el escenario con su impactante juego de transiciones
entre la comedia y el drama, a la altura de las grandes comediantes.
Para Héctor Manrique debe haber sido un
placer dirigirlas, pues se nota la integración y la solidez de cinco
féminas que van in crescendo en paralelo de la comedia al drama
hasta la reflexión, sin dejar un minuto de respiro para el espectador, que
las acompaña y ovaciona, no podría ser de otra manera. ¡Gran apertura para
este nuevo espacio!
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