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La Revolución
Por Adriana Villanueva
"La revolución" de Isaac Chocrón fue un suceso en la
cartelera teatral caraqueña en el año 2007. No tuve la
suerte de ver la puesta en escena original del año 71
dirigida por Román Chalbaud con José Ignacio Cabrujas en
el papel de Eloy y Rafael Briceño en el rol de Gabriel.
Era una niña. Pero he leído que fue un impacto muy grande
para la provinciana capital de Venezuela ver en las tablas
la historia de dos homosexuales de mediana edad, uno que
se transforma en rumbera cubana, y el otro manifestando su
abnegación por la diva en decadencia.
Entonces la revolución fue recibida con abucheos. La gente
abandonaba el teatro ante aquel festín de plumas y
lentejuelas. La tuvieron que cerrar a los pocos días de
estrenada. Pocos meses después, la obra de Chocrón
fue presentada de nuevo en el teatro Alberto de Paz y
Mateo con inesperado éxito, los caraqueños decidieron
dejar la pacatería de lado y enfrentarse a la dinámica de
este par de seres marginados, uno reprimido y el otro
trasgresor, obra que más que sobre la homosexualidad
trataba sobre la parálisis de una sociedad. La revolución
de Chocrón era la del alma humana.
Cuentan quienes entonces vieron La revolución que a pesar
de que el que se vestía de traje lago y cantaba boleros
era Rafael Briceño, Cabrujas se la comía en el papel del
pusilánime Eloy demostrando que no sólo fue un gran
dramaturgo, sino también un excelente actor.
En el libro "Isaac Chocrón frente al espejo", Cabrujas le
confesó a la periodista Miyó Vestrini que después de 300
funciones de La revolución, no pudo ser el mismo escritor,
dejó de creer aquello que le inculcaron sus pares a los 18
años que escribir sobre uno era ser reaccionario, y
decidió seguir el ejemplo de Chocrón y buscar: "Mi propio
sonido. Lo que me duele, lo que me afecta, lo que me
preocupa".
Es posible que sin La revolución, no hubiera habido un El
día que me quieras.
En los años 90 La revolución se volvió a montar con
Gustavo Rodríguez y Mariano Álvarez bajo la dirección de
Armando Gota en el Ateneo. Tampoco la fui a ver, no
recuerdo por qué razón, tendría algún recién nacido entre
brazos.
A
la tercera va la vencida, un domingo de mayo fui a ver el
montaje de La Revolución del GA 80 con Basilio Álvarez
como Gabriel y Héctor Manrique como Eloy. Y más allá de
que ambos actores dejaron el alma en escena, lo que más me
impresionó fue cómo La revolución, como toda buena obra de
arte, no tiene fecha de vencimiento. Refleja al público
que la está viendo, al momento histórico que se está
viviendo.
Ugo Ulive fue el "dramaturgista" encargado de revisar el
texto. Viendo la obra en Corp Banca, quise descubrir los
cambios que hizo Ulive en aquellas referencias que le
venían al dedillo a los tiempos que corren, aunque
conociendo a Ulive (al igual que Chocrón y Cabrujas, fue
mi profesor en la Escuela de Artes) pensé que un hombre de
izquierda jamás escribiría, aún en este Socialismo del
siglo XXI: "¡Nadie debe olvidar la Habana!", frase que
después corroboré que escribió Chocrón refiriéndose a la
Habana de Batista, esa que llamaban el burdel del Caribe,
pero que el espectador de hoy ante el énfasis actoral y
sus propios prejuicios, va directo a La Habana de Castro
vía la Venezuela de Chávez.
Sin embargo Chocrón, contra corriente del intelectual
venezolano de los años 70, nunca fue simpatizante de la
Revolución Cubana, sabía que una obra como La Revolución,
con dos "maricos" como protagonistas, jamás pasaría la
pacata censura castrista.
Cuentan que de esta Revolución en Corp Banca también se
salieron algunos espectadores indignados, ya no por
mojigatería sexual, sino porque esta obra escrita hace 37
años, y a la que apenas se le modificaron unas frases y
parte del diálogo, sirve de fiel espejo de la Venezuela
actual.
Dice Gabriel: "La revolución. Y ya está pasando, está
pasando. ¿No la ves? ¿No la sientes? Muévete o te va a
triturar, te va a pisar, vas a quedar como colilla de
cigarrillo besando el suelo".
Y
que conste, eso lo escribió Chocrón en el año 1970.
Revista Contra Bando, Número 9, 2007
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