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Fausto sigue en escena
Por E.A. Moreno-Uribe
Como no hizo pacto alguno con Lucifer, habría cumplido 75
el pasado 14 de enero y estaríamos disfrutando de su
histrionismo y de su proverbial escritura teatral. Pero
este especialista en enredos del corazón social, ese que
ayuda a exorcizar las sórdidas penumbras existenciales, no
pudo superar una crisis y aquel 19 de octubre de 1996 "se
fue de gira" voluntariamente.
Era "el madrileño de oro" Fausto Verdial, quien, para que
no lo olvidaran jamás, dejó una sólida herencia de afectos
verdaderos y un legado de consejos destinados a exaltar la
utilidad del amor en el fiero combate cotidiano contra la
soledad por intermedio de sus piezas "Todos los hombres
son mortales" y "¡Las mujeres también!", "Los hombros de
América" y "¡Qué me llamen loca!".
A pesar de ser mortal, Fausto aún no sale de escena porque
el público pide una y otra vez sus obras y las aplaude en
las salas donde se exhiben. Y ahora, gracias al trabajo
"en llave" de la productora Carolina Rincón y el director,
además de actor, Héctor Manrique, está desde el pasado 8
de febrero en el Ateneo de Caracas con "Todos los hombres
son mortales y ¡Las mujeres también!". Ahí se presentan en
conjunto, pero en horarios diferentes, con los actores
Juan Manuel Montesinos, Carlos Cruz, Héctor Manrique y
Héctor Palma; y las actrices Fabiola Colmenares (ahora
reemplazada por Sonia Villamizar), Beatriz Valdés, Lourdes
Valera y Marisa Román. Sendas producciones del GA-80 y el
Grupo Teatral de Caracas.
En "Todos los hombres son mortales" hay tres hombres
maduros (50, 40 y 30 años) y uno más joven (sobre los 20),
quienes comparten un apartamento. Estuvieron casados y
ahora o están divorciados o separados legalmente. Juan ama
a una damita a quien dobla la edad. Mientras que Fernando
es el eterno machista, que tiene una novia desesperada por
casarse; ese domingo ella no aparece, lo cual le hace
sospechar que lo cambió definitivamente por otro más
resuelto. Renato está separado y se entera que, durante
una visita para ver a sus hijos en común, ella quedó
embarazada, lo cual lo afecta, pues debe volver al hogar.
El veinteañero Vicente disfruta de un noviazgo sano y
sueña con casarse en cualquier momento.
"Y ¡Las mujeres también!" es un drama similar al de los
hombres. Cuatro féminas presentan los mismos conflictos y
ambicionan ser felices. Marina sale con un muchacho, otra
es la supermujer Diana que devora a cuanto macho elige y
por otro lado está Eva, preñada de su ex marido. Conchita,
la joven del grupo, se burla de lo que les pasa a ellas e
insiste en perseguir la felicidad en compañía de su novio,
consciente de lo que puede ocurrir.
En estas comedias que ahora han repuesto, porque se
estrenaron en 1994, hay que resaltar como Fausto logró
plasmar el melodrama de cuatro generaciones de hombres y
mujeres en el día más crítico de la semana: el domingo,
precisamente cuando sus rutinas existenciales giran en
torno a las anheladas llamadas telefónicas de las hembras
y los machos a quienes pretenden o están enamorados.
Como profundo conocedor que era de las conductas humanas,
Fausto exacerba las emociones y las necesidades afectivas
y lo demuestra con esos patéticos personajes que intentan
engañarse pero al final caen rendidos y esperando tener
mejor suerte durante la semana próxima o cuando la
situación les cambie dramáticamente. Como comedias son
perfectas y tienen mayor o menor impacto cuando actores y
actrices están inspirados o tienen posibilidades de
improvisar o morcillear en función del cotidiano contexto
social actual o por sucesos recientes.
Estos placenteros montajes "dominicales" -ya cercanos a
los 100- obedecen a las didascalias originales del
dramaturgo, aunque Manrique les ha dado más ritmo a las
escenas y pone mayor énfasis en la dirección de los
actores. El espectáculo más conmovedor es el masculino: un
auténtico melodrama de los machos solitarios, como lo
canta José Ignacio Cabrujas en su obra "Acto cultural",
pero ese es otro tema.
A manera de moraleja, Fausto le recuerda al público que el
tiempo pasa y que los seres humanos envejecen, se
debilitan y se acercan más hacia la imparable muerte
biológica. ¡Nadie escapa de ese destino y es tonto
pretender evadirlo!
LIVING ROOM
Estos montajes se desarrollan en el living room del
apartamento de los caballeros o en el salón de estar que
utilizan las damas, vigilados por los rostros warholianos
de Marilyn Monroe o de James Dean. Los ocho personajes
pertenecen a la golpeada y vituperada clase media
venezolana, cuya meta es tener una familia formal y su
parejita de hijos, pero sus problemas no son económicos
solamente, sino también las respectivas conductas
sociales, generadas a su vez por problemas culturales.
Todos están condenados de antemano y solo medio se salvan
los más jóvenes, por la inexperiencia o la ignorancia.
Aunque las mujeres tienen más fortaleza para superar tan
amargas situaciones y buena parte de su supervivencia
descansa en esa especial amistad que desarrollan entre
ellas.
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Noticias, 11 de mayo de 2008
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