El veneno venezolano
Por Marcy Alejandra Rangel
Tal vez el Grupo
Actoral 80 sea una de las agrupaciones más sólidas de la
escena contemporánea venezolana. Solo en 2011 logró
presentar seis producciones: Acto cultural, Gorda,
Excusas, Confesiones de mujeres de 30, Baraka y
Petroleros suicidas. Esta última representó el
regreso a las tablas de la ahora política y madre
Fabiola Colmenares, junto con el primer actor Iván
Tamayo, Dimas González y Luis Abreu.
El texto de Ibsen
Martínez, quien también volvió a la palestra pública con
la pieza protagonizada por Franklin Virgüez Como
vaya viniendo, está enmarcado en el paro petrolero
de 2002 –con escenas que se remontan a 1997– y el
despido masivo por parte del gobierno de Hugo Chávez en
los meses posteriores. El autor, tajante y asertivo,
refiere con ironía, chistes y crítica una crisis interna
que vive la empresa petrolera de la que dependen todos
los ciudadanos de un país y de la que desconocen: una
ola de suicidios que hubo en tal época.
Una pareja de ex
trabajadores de PDVSA se reencuentran luego de años de
separados, en el aeropuerto de Nueva York, y ahí
recuerdan cómo llegaron hasta su situación actual.
Natalia Vózniak (Colmenares) es especialista en Impacto
Ambiental y mantiene una relación extramarital con un
alto directivo de PDVSA; Cayetano Espinosa (Tamayo), es
un ingeniero de yacimientos que, de vivir en Prados de
María, escaló posiciones hasta la División de
Inteligencia de Mercados. Espinosa se encuentra con
Mayimbe (González), en medio de un asesinato que lo
convertirá en el extorsionista de quien fuera su amigo
de la infancia. Cayetano opta por mandar a matar a
Mayimbe –el negociante es Abreu, con un papel mínimo que
podría solucionarse escénicamente sin la intervención de
otro actor–, pero los sicarios fallan en el intento.
La dirección de
Petroleros suicidas se resuelve de manera sencilla:
cuatro actores sentados hasta que a cada uno le
corresponda intervenir, canciones de Rubén Blades y
otros clásicos de la salsa que aludan al momento del que
se habla –y al acontecer en la vida de Cayetano–,
grandes estructuras de metal que contienen carpetas con
archivos de la petrolera, pero que también sirven de
repisa de apartamento y peinadora; una mesa que, en
primer plano, hace las veces de urna (imagen difícil de
borrar), luego de barra en una taguara, luego de bar del
apartamento donde viven los esposos.
Al final, los
empresarios terminan fuera del país y Mayimbe en las
altas esferas de la empresa. En cualquier caso, la
reflexión de Petroleros suicidas se presenta de
cara a la historia de la sociedad venezolana y quién es
el ciudadano dentro de un país con riquezas petrolera,
en el que sus habitantes nunca han visto o palpado un
chorrito del oro negro, como declaró Héctor Manrique, el
director de la obra. Existe un petro-Estado, pero no se
sabe qué representa. Natalia Vózniak intenta descifrarlo
con una reflexión antes del blackout final:
“¿Por qué será que el petróleo envenena?”.
www.vayaateatro.com, 3 de
enero de 2012