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Cultura
perniciosa al son de gaitas
Por Adriana Villanueva
La convocatoria al foro para tratar
el tema de la "Cultura perniciosa" decía 7 pm, a esa
hora la sala de la Fundación Cultural Chacao tenía
bastante público. Héctor Manrique, Teodoro Petkoff,
Gilberto Pinto y Ramón José Medina, los ponentes de la
noche, habían llegado. ¿Por qué no apagaban la
estruendosa música changa y comenzaban de una vez?
Como a las 7:15, Tulio Hernández, en
nombre de la
Fundación Cultural José Ignacio Cabrujas, en medio
del bullicio de gaitas zulianas explicó el porqué de la
tardanza no fuera el público a creer que en la Fundación
Chacao estaban probando cornetas nuevas. La razón de
estar celebrando la Navidad en octubre en lugar de estar
debatiendo sobre el fin del subsidio a las compañías
teatrales de dos de los expositores, era que en el
edificio de al lado funcionan unas oficinas
gubernamentales y estaban en una de bailoterapia.
En el evento convocado en septiembre
por el Frente Cabrujas para tratar sobre el tema de la
censura en Venezuela, pasó lo mismo, pero la
bailoterapia terminó a las 7 de la noche. Pero anoche,
pasadas las 7:30 el estruendo seguía, no se podía
esperar más, así que con la banda sonora de los
Cardenales del Éxito a todo volúmen, Héctor Manrique,
director del
Grupo Actoral 80, uno de los perniciosos en
cuestión, comenzó a hablar sobre lo que representaba la
decisión del Ministerio Popular de la Cultura de
quitarles el subsidio a grupos de indudable trayectoria
artística, pero que no se arrodillan ante el poder. En
el caso del GA 80, se le ofreció seguir con el subsidio
si Héctor abandonaba el Grupo: su principal pecado fue
negarse a prescindir de la actriz Fabiola Colmenares en
un montaje, fichada por el anterior Ministro como
soldado raso de la contrarevolución.
Al principio costaba concentrarse
en la "cultura perniciosa" con ese bullicio gaitero,
pero ya nos estamos acostumbrando al chalequeo oficial
y aprendemos a desarrollar técnicas para superarlo,
cuando Ramón José Medina, el experto legislativo de la
noche tomó el micrófono, el público oyó con interés y
escepticismo como el abogado insistía en que a pesar
de que en Venezuela contamos con un Tribunal Supremo
de Justicia que suele fallar a favor del Gobierno, era
necesario introducir un Recurso de Amparo para los
Grupos Teatrales vetados, aunque fuera para que
quedara constancia legal de los atropellos a la
Libertad de Expresión que están sucediendo en
Venezuela.
Cuando le tocó al director del
Grupo El Duende hablar, ya la música la habían
apagado, y fue una delicia para el público escuchar
como este señor del teatro llamado Gilberto Pinto, a
sus más de 80 años, hacía un recuento de la censura
política que le ha tocado vivir desde que en los años
50 montó su primera obra: "La fuerza bruta" de
Steinbeck, título que no gustó ni a la iglesia
Católica ni al gobierno de Pérez Jiménez.
Sin embargo, Pinto aseguró que los
gobiernos anteriores, hasta en sus momentos más
represivos, habían ignorado al teatro. Quizás algunos
gobiernos no los subsidiaban, pero tenían a su
disposición teatros como el Teatro Nacional o el
Teatro Municipal. Hoy es impensable que un teatrero
que haya sido crítico al pensamiento oficial pueda
montar una obra en una sala dependiente del Estado
Venezolano.
Pinto dice que muchos de sus
colegas han preferido callar para no perder su
subsidio, pero el Grupo Duende no aceptó corromper su
conciencia a cambio de unos centavos: "Somos tozudos,
somos viciosos de la Libertad".
Teodoro Petkoff apuntó que a
partir del año 2005 el gobierno de Hugo Chávez tomó un
giro hacía un proyecto político autoritario que cada
vez tolera menos la disidencia. Según Teodoro vamos
más hacía una cubanización que hacía el ejemplo de la
Unión Soviética o China en materia cultural, regímenes
en los que el único arte posible es el que enaltece a
la revolución, y que en el caso de la antigua Rusia,
acabó con una de las literaturas más ricas de la
historia. En Venezuela uno podrá escribir sobre el
tema que quiera, componer la música que sea, montar
cualquier obra, siempre que no se confronte al
Gobierno públicamente. Quien se arriesgue a hacerlo,
quizás podrá seguir viviendo en Venezuela, pero no
podrá ver sus obras en su país, como es el caso de
reconocidos autores cubanos que viven en Cuba pero
sólo publican en el exterior. Afortunadamente, a
diferencia de Cuba, por ahora, en Venezuela se ha ido
creando un buen circuito de alternativas culturales
privadas que no dependen en lo absoluto del Estado.
La noche terminó libre de gaitas y
recordando aquellos amigos, antiguos compañeros de
lucha, que hoy callan ante los abusos contra la
Libertad de Expresión de un gobierno que ya no se
afana en esconder que en el Socialismo del Siglo XXI,
la obediencia política se ha vuelto asunto
prioritario.
Evitando intensidades,
23 de
octubre de 2009
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