De Interés

 

Una vida posible
El primer esfuerzo para la creación de un programa de trasplante de hígado en nuestro país se realizó en el hospital Vargas, en 1992

 

Por Alberto Barrera Tyszka

 

 

Este fin de semana, en la sala Mendoza de la Universidad Metropolitana, se inaugura una muestra muy particular. Los fotógrafos Gabriel Osorio y Ernesto Costante nos proponen convertir un quirófano en una experiencia artística. A partir de sus imágenes, se ofrece un registro personal y público de un trasplante de hígado. Se trata de un testimonio vital, de un cuerpo en movimiento, de una naturaleza que se transforma. La vida de Auralys del Valle Gaspar Marín es el centro de este relato. Este es su álbum. Aquí está su enfermedad, su familia, los médicos que la asistieron, todos los múltiples apoyos y esfuerzos que hicieron posible que esta muchacha de Carúpano hoy tenga futuro.

La operación duró 18 horas. El trabajo visual de Osorio y Costante también parece realizado con la exactitud y la perfección de un bisturí. Las fotografías intentan borrar cualquier intención desmedida de quien mira, y tratan, con una delicadeza implacable, que la experiencia aparezca lo más desnuda posible. De forma voluntaria, hay una falta de intención dramática en la mirada. No pretenden aprovechar la situación para derramar énfasis desbordados.

Osorio y Costante renuncian al melodrama fácil, a la truculencia gratuita, pero no renuncian a la realidad. La cámara está en un quirófano. Está ahí, además, para registrar y testimoniar un trasplante. Pero las fotografías que han paralizado la acción médica, aquellas que pudieran resultar más duras, que nos acercan demasiado al fondo del cuerpo, al miedo, logran matices distintos, arman un discurso coral, al entrar en relación con las imágenes en blanco y negro. Ahí aparece, entonces, otra versión más del mismo momento. Están los doctores, pero también están los otros: ese rostro con tapabocas que se asoma por una ventanilla.

Esos ojos. Nosotros.

No hay regodeos innecesarios pero tampoco se pretende ofrecer un documental clínico. Es el arte original de la fotografía, tal y como lo entendía Cartier Bresson: "La fotografía es como una cuchilla que secciona para la eternidad el instante que ha deslumbrado".

Pero también hay otra historia que se mueve, de manera silenciosa, debajo de todas estas imágenes. Es la historia que permite que todo esto sea posible.

El primer esfuerzo para la creación de un programa de trasplante de hígado en nuestro país se realizó en el hospital Vargas, en 1992. Por algunas de las causas que se acaban de señalar, entre otras, este programa fue lamentablemente suspendido cuatro años después. Y no fue hasta la creación de la Organización Nacional de Trasplantes de Venezuela, ONTV, en el año de 1997, que comienza a generarse de nuevo la posibilidad de llevar adelante un proyecto sustentable de terapias hepáticas en Venezuela.

Pero no es sino hasta finales del año 2003 cuando, después de un arduo proceso, se consolida por fin el Programa Metropolitano de Trasplante de Hígado, Fundahígado. Es una iniciativa liderada por el doctor Pedro Rivas Vetencourt que suma a varios otros médicos, incluido también el cirujano japonés Tomoaki Kato. Es una batalla larga y en todos los terrenos posibles. Pero con esta organización no gubernamental, y con la incorporación de la Policlínica Metropolitana como institución capaz de garantizar el desarrollo de un proyecto de este tipo, finalmente se logra que un sueño de tantos años se realice y tenga resultados exitosos.

Fundahígado es, todavía hoy, un camino: una institución que sigue trabajando, buscando financiamiento, sensibilizando a las entidades públicas y las iniciativas privadas, promoviendo y desarrollando una cultura del trasplante en nuestro país...

Se trata, en el fondo, de dar la batalla desde la esperanza. Ese podría ser el mensaje que persiste detrás de todo este empeño: también la salud se contagia.

En las fotografías de esta muestra se cuentan esos esfuerzos, todas las luchas, muchas veces anónimas, de mucha otra gente que, en todos los campos, en la medicina, en la gestión pública, en la administración, en la asistencia social, en la divulgación y en la concientización... ha logrado que un programa de este tipo sea hoy una realidad en nuestro país. Probablemente, ellos no están visibles en ningún retrato. Pero sí están muy presentes. También son, de alguna manera, donantes en esta experiencia. Han dado una parte de sí mismos para que la vida de otros exista.

Toda esta experiencia que va desde el cuerpo de una adolescente hasta una sala de exposición artística es en más de un sentido una historia de esperanza, el relato de un país que ­más allá o más acá de cualquier polarización­ todavía sobrevive, el relato de un país posible.

El Nacional, 20 de junio de 2010

 

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