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EDITORIAL EL NACIONAL
Al
diablo con la cultura
Ahora contra el teatro
Paso a paso, pero a paso de ganso,
el gobierno de la revolución bolivariana va aboliendo
las expresiones culturales de los venezolanos, y lo hace
con las más inauditas excusas. Se trata de un proyecto
de destrucción no sólo de la memoria sino de la
capacidad de crear y de expresarse. Los anillos de
regimentación de la sociedad se van enroscando en la
garganta de la gente: sus propósitos no son otros que
ahogarla, establecer la mediocridad y la resignación, el
silencio, como en los países muertos de los
totalitarismos.
El último o penúltimo zarpazo de la revolución acaba de
ser decretado. Los grupos teatrales que le
proporcionaban cultura y disfrute al pueblo venezolano
acaban de ser despojados de los subsidios del Estado que
les permitían su funcionamiento.
El argumento es tan primitivo que está causando
escándalo en los países latinoamericanos donde la
noticia ha sido difundida. Según el criterio oficial, a
los grupos teatrales se les culpa de "conductas públicas
perniciosas que afectan la estabilidad psicológica y
emocional de los venezolanos, haciendo uso de lenguaje
ofensivo, descalificador, mintiendo y manipulando a
través de campañas mediáticas dispuestas para tales
fines".
La lectura de semejante argumentación nos remite a las
antiguas persecuciones contra la cultura, contra la
libertad de creación y contra los derechos más sagrados
del individuo. Es imposible escapar de los fantasmas de
épocas oscuras. Eso sucedía en la España del
generalísimo Francisco Franco. En el Chile del general
Augusto Pinochet y en los países del Cono Sur
aherrojados por los déspotas de la Operación Cóndor.
Estos enemigos a muerte de la cultura y de la libertad
pasaron a la historia, pero el daño a las sociedades no
pudo ocultarse.
Las agresiones bolivarianas a la cultura se vienen dando
de manera sistemática. Primero fueron los museos y la
noche de los cuchillos largos que reclamó las cabezas de
sus directores.
Venezuela fue aislada. Nunca más vimos una gran
exposición bajo los auspicios del Estado. El patrimonio
artístico de la nación es objeto del maltrato y de la
destrucción, cuando no del pillaje. Paralelamente
ocurrió la toma de las editoriales del Estado y su
dedicación a la propaganda del régimen, a las ediciones
de panfletos rojos y de anacrónicos catecismos
marxistas.
Ninguna expresión cultural se salvará de las iras
bolivarianas a menos de que se ponga al servicio del
culto a la personalidad. Ni el teatro, ni la música, ni
la pintura, ni el cine ni las letras.
El dinero de los venezolanos se usa contra los
venezolanos. Los venezolanos son despojados de sus
recursos para financiar un proyecto político ajeno a
nuestra idiosincrasia, a nuestra manera de ser, a
nuestros derechos a la pluralidad. Todos tendremos que
ser Oliver Stone. O desaparecer de la escena. Despojar a
la cultura de sus recursos equivale a un secuestro de
esos recursos. Ya es hora de que "los intelectuales que
apoyan el proceso" digan alguna palabra que los redima
de las humillaciones del silencio.
El Nacional,
7 de
octubre de 2009
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