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Allen: "No he aportado gran
cosa al cine.
Sólo soy un humorista con
suerte"
El cineasta se confiesa en el
libro 'Conversaciones con Woody Allen', de Eric Lax
"Pienso que no
he aportado nada verdadermente significativo al cine...
Soy un humorista de Brooklyn y Broadway que ha tenido
mucha suerte". Así se define Woody Allen, uno de los
cineastas más respetados, con 38 películas a su espalda,
en el libro Conversaciones con Woody Allen, de Eric
Lax. Un libro que saldrá a la calle el 12 de septiembre y
en el que el cineasta neoyorquino abre al público, por
primera vez, las puertas de su taller creativo y muestra
al lector sus pensamientos, sus gustos y todas las facetas
de su trabajo: su labor como guionista, actor, director o
compositor, a través de miles de anécdotas plagadas de
humor.

El cineasta
Woody Allen, durante el rodaje de 'Manhattan' (1979).
Y todo ello de la
mano de Eric Lax, el autor de la biografía oficial de
Allen, que se publicó en 1991, y colaborador habitual de
The New York Times, Atlantic, Vanity Fair
y Esquire, entre otros medios, quien ha compartido,
durante más de tres largas décadas, horas de conversación
e intimidad con el director de Annie Hall. "Un
álbum de fotos recopilados a lo largo de media vida que
ofrecen una clara imagen de transformación desde sus
inicios en el cine hasta llegar a convertirse en uno de
los directores más aclamados del mundo", explica Eric Lax,
en el prólogo.
Los referentes:
Groucho y Hope
En
Conversaciones con Woody Allen, editado por Lumen, el
cineasta habla de sus ídolos Bob Hope y Groucho Marx, y de
sus actores favoritos: Marlon Brando, Alan Alda, Michael
Caine, John Cusak o Jack Nicholson, y también de sus
actrices: Diane Keaton, Mia Farrow, Scarlett Johanson y
Charlize Theron. Un volumen en el que en sus casi 500
páginas y decenas de imágenes queda abrochada la
trayectoria vital e intelectual de este gran creador y en
el que también quedan plasmadas sus opiniones acerca de
los directores que más admira y que más le han influido
como Chaplin, Orson Welles, John Huston, Bergman, Fellini,
De Sica o Jean Renoir.
Mediante la fórmula
pregunta-respuesta, Allen Stewart Konigsberg (Nueva York,
1935), conocido como Woody Allen, nombre artístico que él
mismo se puso en 1952, cuando los cronistas de sociedad
de varios periódicos de Nueva York comenzaron a utilizar
los chistes y las ocurrencias que él enviaba, el
cineasta recuerda sus orígenes y evolución en el mundo de
la creación. El libro relata cómo Allen en aquella época
mandaba unos cincuenta chistes al día. A los 16 años fue
contratado por la cadena NBC, como plan de desarrollo de
nuevos guionistas y fue enviado a Hollywood para trabajar
en el programa Colgate Comedy Hour.
El gracioso que
quería ser Chejov
A los 22 años
escribía para el humorista Sid Caeser y en 1960, cuando
tenía los 24 años, había multiplicado por 80 su primer
salario. "Hasta llegar a la adolescencia yo tenía a Hope
como ejemplo a seguir e intentaba hacer chistes y soltar
ocurrencias con gracia. Pero cuando crecí y fui más
culto...quería escribir dramas...Mi pretensión era
escribir como Ibsen y Chejov", dice Allen.
Después vendría en
1965 ¿Qué tal, Pussycat? y de ahí una larga lista
con Toma el dinero y corre, Bananas,
Sueño de un seductor, El dormilón,
Interiores, Manhattan, Zelig, La rosa
púrpura de El Cairo, Hannah y sus hermanas,
Otra mujer, Maridos y mujeres y un largo
etcétera que termina, por el momento, con Vicky
Cristina Barcelona, de 2008, que se estrenará en
España en septiembre en el Festival de San Sebastián.
Elogio a Madrid
y Barcelona
En el libro, Allen
también deja constancia de su fascinación por Madrid y
Barcelona. "Pensaba que serían unas ciudades bonitas y
nada más, pero son increíbles. España es un mercado
muy importante para mis películas. En Europa me suele ir
bastante bien. En estados Unidos, como ya se sabe, ni
siquiera el hecho de contar con el apoyo de la crítica se
traduce en un éxito de taquilla", dice. Lax en el prólogo
explica que Allen es la antítesis del personaje que
interpreta en la pantalla, el hombre desesperado y en
crisis. "En el mundo real es el dueño de su trabajo y de
su tiempo. El análisis que hace de sí mismo es del todo
acertado: 'soy una persona seria, un trabajador
disciplinado, un escritor vocacional, interesado en la
literatura, el teatro y el cine'", escribe.
El País, España, 29 de agosto de 2008
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