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De Interés
"Los pueblos tienen
los gobiernos que quieren tener"
Presente en el país para ver el montaje de su
obra Al pie del Támesis, Mario Vargas Llosa ofreció su
visión no sólo de la literatura, sino de la política
latinoamericana
Por Nerea Dolara
Pocas veces tienen los actores y el director de un montaje
la oportunidad, el atemorizante reto, de presentar la
pieza frente a su autor. Ése fue el caso de Héctor
Manrique, Carlota Sosa e Iván Tamayo, quienes ayer en la
noche subieron al escenario bajo la mirada de uno de los
mayores intelectuales vivos de Latinoamérica: el peruano
Mario Vargas Llosa, que vino por unos días a Caracas para
asistir a la función de su obra Al pie del Támesis.
"Estoy muy agradecido con todos los que han hecho posible
este montaje. Me da alegría que se presente aquí porque
esta obra tiene una inspiración venezolana. Y aunque la
historia de estos dos amigos me rondó por mucho tiempo, un
día me ocurrió un episodio de esos que ponen a funcionar
la imaginación. Sucedió en Londres, luego de una anécdota
de Guillermo Cabrera Infante sobre un joven poeta
venezolano que había conocido en mis visitas al país entre
las décadas de los años sesenta y setenta. Cuando Esdras
Parra fue a Londres lo invité a mi casa y me llevé la
sorpresa de que ahora era una señora. Fue una reunión
extraña en la que constantemente metía la pata. Pero se
convirtió en el eslabón que estaba buscando", señaló el
escritor, que adelantó que trabaja en una novela histórica
y que recibirá un doctorado Honoris Causa de la
Universidad Simón Bolívar el 8 de diciembre.
Dos temas surcaron la conversación con el autor: su obra y
sus métodos y la política. Al poco de comenzar la rueda de
prensa comenzaron las preguntas sobre la actualidad
latinoamericana y sobre la nube negra que predijo, en
1999, que se quedaría sobre Venezuela por un tiempo. "Ya
entramos en la candela. Me lo esperaba.
No sé responder hasta cuándo estará esa nube negra, de la
que hablé en mi artículo, sobre este país. Ésa es una
respuesta que deberían dar los venezolanos. Éste, al igual
que el de Bolivia, es un caso muy interesante porque ambos
gobernantes fueron elegidos por el pueblo, que, a veces,
se equivoca. Y paga muy caro sus errores. Es importante
tener conciencia de que, salvo casos excepcionales, los
pueblos tienen los gobiernos que quieren tener. Me espanta
que en Latinoamérica haya todavía sectores que creen que
el populismo es la salida. Desgraciadamente, la democracia
cobra atractivo y revela sus bondades sólo cuando se
pierde".
Sobre el auge de los gobiernos de izquierda en el
continente señaló: "Es un fenómeno que en la región haya
una izquierda que cree en la democracia.
Es bienvenida. No pone en peligro la democracia, la
refuerza.
El caso de Venezuela es distinto porque su gobierno no
cree en la democracia, cree en una que no existe,
autoritaria y centralista. Es insensato. Todos los
experimentos de políticas económicas intervensionistas y
estatizadoras han fracasado.
Un mínimo de lucidez permite darse de cuenta de que esas
políticas sólo conducen al fracaso, a la pobreza".
En las tablas. Ya lejos de la política, Vargas Llosa
confesó que su primer amor fue el teatro y que,
probablemente, si en la Lima de su juventud hubiera habido
un movimiento teatral interesante no se habría convertido
en novelista.
El autor no sabe explicar por qué selecciona algunas
historias para el escenario o para la página escrita. "No
tengo respuesta. Sólo sé que siento muy claramente cuándo
una historia debe ser teatro y cuándo debe ser novela. Y
aunque invente algunas explicaciones, lo cierto es que no
me convencen. Lo que sí creo que prueba esto es que los
géneros no son tan artificiales como se creyó en los años
setenta. Responden a algo profundo, a una cierta visión de
los relatos, a su esencia, que los hace vivir a través de
encarnaciones distintas".
El escritor, que sigue haciendo sus borradores a mano y
que hace poco incursionó como actor en las tablas, no cree
que las nuevas tecnologías amenacen la existencia del
libro. "No va a cambiar la ficción. Nos hemos mantenido
inventando historias con el paso del tiempo. No hay
diferencia en que sean escritas en un papel o en una
pantalla. Eso no modifica la esencia de la literatura.
Pienso que el libro va a sobrevivir y pienso que quienes
opinan lo contrario están sumidos en un pesimismo que no
se corresponde con la realidad".
Tras una hora y algunos minutos de conversación terminó
el encuentro. Frente al destino ineludible de la
presentación quedaron los actores, el director y el autor.
Sosa afirmó: "Lo que va a pasar esta noche será el momento
más importante de mi carrera". Y así los dos personajes
salieron a escena a enfrentarse con su creador.
El Nacional,
17 de agosto de 2008 |