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Tocata y fuga
Por Martha Cotoret
Mario Vargas Llosa se fue del país
sin haber compartido con los venezolanos sus impresiones
del montaje local de Al pie del Támesis. El escritor
estuvo menos de 24 horas en Caracas, donde ofreció una
rueda de prensa antes de asistir a la función sabatina
de la obra de su autoría.
Estaba previsto que Vargas Llosa asistiera a un cóctel
posterior a la función, pero la ocasión no se concretó.
El autor abandonó discretamente la sala de teatro del
Trasnocho Cultural, sin firmar libros ni tomarse fotos.
Antes de la función comentó que recurrió a los fantasmas
emocionales para abordar el tema de la identidad.
"Me planteo si la identidad es algo con lo que se nace,
o se trata de un aspecto que se va creando durante la
vida y que puede cambiar con el tiempo".
La pieza parte de una anécdota real que le contó
Guillermo Cabrera Infante. Su amigo Esdras Parras lo
visitó en una ocasión en Londres, convertido en mujer.
Cabrera Infante le confesó luego al autor de La casa
verde que cometió muchas imprudencias en esa
conversación. "Tenía mucho tiempo dándole vueltas a esta
obra; éste era el eslabón que necesitaba", explicó
Vargas Llosa.
En el escenario, Chispas Bellatín y Raquel Saavedra se
reencuentran en una suite del Hotel Savoy, en Londres.
Entre risas, llantos y discusiones, Chispas se da cuenta
de que la mujer que tiene enfrente no es más que su
amigo de la infancia, Pirulo, a quien tenía 30 años sin
ver.
A partir de este momento, el peso del montaje recae
sobre el ambiente psicológico de los personajes. Chispas
reconoce que no ha podido ser feliz desde la partida de
Pirulo. El magnífico desenlace sorprende a los
espectadores que no logran descubrir lo que esconde la
historia.
Tal Cual,
18 de agosto de 2008
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