De Interés

 

Alberto Arvelo ha muerto

 

Por Manuel Caballero


Manuel Caballero, en este texto expresa su solidaridad y pesar al igual que de este diario y su director

 

No fue inesperada la muerte de Alberto Arvelo.

Desde hacía muchos meses, una dura enfermedad había cortado el habla de uno de los mejores conversadores que hubiésemos conocido jamás, en un medio donde no es precisamente la palabra lo que escasea. Pero esa limitación no impidió seguir trabajando a lo que sin hipérbole, Teodoro Petkoff llamó una vez uno de los cerebros más poderosos de nuestro siglo veinte venezolano. Alberto se empinó por sobre esa cruel limitación, y fue capaz de escribir varios libros, entre ellos una novela (publicada por la editorial Alfa), que es a la vez un cuento filosófico y una de las sátiras más feroces del mundo de la banca y las finanzas.

Y culminó el trabajo que desde hace años solía visitar sin falta sus vigilias : su tesis doctoral sobre Blake y su Matrimonio del cielo y el infierno, un estudio acaso único en la lengua española.

Por sus venas corría la sangre de un artista que no se conformó con ser el puente biológico entre su padre, el gran poeta Alberto Arvelo Torrealba, y su hijo, el gran cineasta Alberto ("Beto") Arvelo Mendoza, sino que se lanzó también, con el ímpetu que ponía en todas y cada una de sus acciones en la aventura de la creación. Lo ayudaba entre otras cosas una erudición pasmosa y una capacidad para la reflexión filosófica poco común en este país.

Pero Alberto nada tenía de un intelectual puro, recluido en la turris eburnea del viejo lugar común: solía ser, cuando la necesidad lo imponía, un hombre de acción. Se lanzó a la pelea por cambiar el mundo con el ímpetu de un revolucionario insobornable que nunca buscó el beneficio personal.

Con la acción, completaba la labor pedagógica que tanto le admiraban sus alumnos en la universidad.

No podemos alargarnos demasiado en esta nota que nos urge la premura del diario. Pero no podemos dejar de evocar dos cosas: el año en que lo conocimos, el 1968 del Mayo francés y la Primavera de Praga, fue también el de una de las más hermosas aventuras intelectuales que hayamos compartido, la revista Cambio . Lo otro es que este hombre construyó también junto con su compañera Solange Mendoza y sus hijos Alberto y Silvia, un conjunto familiar envidiable en el sitio que llegó a ser, por su sencillez y buen gusto, la casa más hermosa de Venezuela, la que todo el mundo quería visitar como si se tratase de un museo.

He tratado de tragarme mis lágrimas. Nadie tiene derecho, y en todo caso no lo tengo yo, a llorar a Alberto Arvelo Ramos : más que aflicción, hoy quiero celebrar la alegría de haber conocido a un ser humano excepcional.


 
Tal Cual, 19 de julio de 2010

 

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