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Baraka: desconcierto de cuatro amigos que no se reconocen

Por Ma. Angelina Castillo

En el pasado, un saludo cómplice y unas anécdotas comunes. El respeto se les ha vuelto obsoleto. La vieja amistad queda ahora olvidada. Tomás, Pedro, Juan y Martín no se reconocen, se han convertido en extraños.

Cuatro personajes se encuentran una noche. Se hablan sin realmente oírse porque están muy envueltos en sus problemas o porque quizás no les importa realmente el otro. Así inicia Baraka, obra original de la holandesa María Goos y dirigida por Héctor Manrique que se estrenará esta noche en el Trasnocho Cultural.

Pedro ha trabajado más tiempo del que planificó en la oficina cultural de un municipio.

Ahora tiene un problema: las obras de arte que le regalaron sus compañeros de trabajo, porque nadie las quería en la sede de la alcaldía, repentinamente adquirieron valor y debe devolverlas.

En medio de la discusión telefónica llega a su casa, maleta en mano, Juan, un político demasiado inescrupuloso como para preocuparse por los demás. Ha peleado con su esposa y decide instalarse en la casa de su amigo. Le sugiere llamar a Tomás, otro compañero de la infancia, un abogado completamente inestable que ha pasado por varios centros de rehabilitación.

Más tarde, la llegada de Martín, un incisivo e irreverente director de teatro, completa la noche en la que cuatro amigos cantan, bailan y se despedazan a punta de comentarios que les hacen ver las consecuencias de la distancia y una falta de verdadero cariño.

Javier Vidal, Carlos Cruz, Iván Tamayo y Héctor Manrique, del Grupo Actoral 80, dan vida a una amarga comedia que busca recordar al espectador la importancia de valorar a quien está al lado.
 



Un recuerdo.
Frente a una escena minimalista, Manrique habla sobre el montaje. Una lámpara de colores, una mesa, sillones y unas cuantas botellas de licor son el ambiente en el que cuatro almas dan vida a un texto que ha pasado por diversos teatros en Europa y América Latina, siendo su más reciente parada Buenos Aires. "Llegué de forma curiosa a la pieza, primero leí la versión que me enviaron los traductores cuyo título original es Cloaca. Después, cuando fui a Argentina con una gira de Final de partida, me hablaron de una obra que tenía gran éxito y un alto nivel interpretativo. Se llamaba Baraka y no la asociaba. Cuando arrancó el espectáculo y vi cómo funcionaba, cómo se conectaba con el público, fue una confirmación. Y la obra es un poco el trabajo que hacemos en el Grupo Actoral 80, que se caracteriza por estar sustentado en el actor", asegura Manrique, que además ha participado en Art y Brujas, historias que también tocan la delicada tecla de la amistad y los conflictos que la envuelven.

"Hay gente que no se compromete con los amigos, que es uno de los mejores inventos del hombre. Hemos perdido ese valor y a mí me gusta llamar la atención sobre eso, porque así debe ser el escenario: que venga alguien y te dé un pellizquito y tú digas: ¡Epa! Creo que si algo tenemos como nación es que ni siquiera somos capaces de mirar a quien tenemos al lado. Este es un país fracturado", dice.

Mientras transcurre la noche los personajes se preguntan: "¿Qué sentido tiene todo esto?". Pero a pesar de sus diferencias, algo los une: "El desconcierto. El hecho de que esperen del otro algo que era muy probable que hace 15 años le diera, pero ahora no. Y eso le pasa a uno. Yo no siento ganas de reencontrarme con unos señores que no veo desde hace 20 años. Tengo mi vida hecha y me gusta. El pasado pasó", concluye el director.


 

El Nacional, 4 de febrero de 2011

 

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