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Una presentación de la poesía de Tadeus
Rózewicz
Por Rafael
Cadenas
Ya escribí en otra ocasión que la
poesía polaca moderna tiene particular importancia para
nosotros porque puede contribuir a prepararnos para
resistir las oscuridades presentes y las que se
avecinan, porque ella viene de un país que vivió solo y
sin paliativos, los sufrimientos del siglo XX. Lo dicho
no significa que nuestra situación se asemeje a lo
ocurrido en ese país, pero se puede llegar a algo
parecido, si la sociedad venezolana no se espabila.
Uno de los principales poetas de Polonia es Tadeus
Rózewicz, de quien hoy presentamos una antología.
Con ella entra por Venezuela a nuestro idioma como hace
años lo hizo por España Czeslan Milosz, gracias a
Tusquets, aunque limitadamente, y Wislawa Szymborska de
manera más amplia, vía Hiperion.
"La desgracia de Polonia -dice John Osborne– es que está
situada en la ruta entre Berlín y Moscú; y a lo largo de
ella en ambas direcciones, pasó el ciego y monstruoso
carro de la historia triturando todo lo que se le
atravesaba... Tadeus Rózewicz nació después del
renacimiento de Polonia que había estado dividida
durante cien años, el poeta tenía diez y ocho cuando
Hitler y Stalin sellaron su amistad repartiéndose su
territorio; veinte cuando los nazis se apoderaron de
todo el país; y veinticuatro cuando fue liberado (o
"liberado" según Heirich Böll) por la Unión Soviética
cuyos sentimientos fraternales no impidieron que se
apropiara de una parte de tierra polaca".
Como si fuera poco, todavía le faltaban varios años
sombríos: los de la Democracia popular, denominación de
la dictadura comunista.
Por eso él y los otros poetas tuvieron que construir su
obra "desde la anulación de todo significado, debido a
Sobibor, Treblinka y Katyn, campos de concentración
frente a los cuales el idioma pierde su capacidad de
nombrar". La obra ha de crearse desde entonces con esa
ineptitud trágica.
De ahí estas palabras de Rózewicz que expresan su
poética: "Lo que produje es poesía para horrorizados.
Para aquellos abandonados en su aniquilación. Para
sobrevivientes. De nada aprendimos lenguaje, esa gente y
yo". Quiere decir que debieron recomenzar todo,
empezando por el idioma.
El texto inglés que he usado dice textualmente:
abandonados a la carnicería, pero, traducido así es
forzar algo el español. Aunque Heidegger, Lacán y otros
nos tienen acostumbrados a este juego profundo.
En Siempre fragmentos ustedes podrán leer dos textos en
prosa: uno de la madre, que nos dice, mediante pequeños
detalles, la pobreza de Polonia después de la Primera
Guerra Mundial, y otro de Rózewicz, muy desgarrador.
Aquí nadie sabe afortunadamente lo que es una guerra.
Por eso se suele mencionarla y ponerla en nuestro
horizonte, desde el poder, con una ligereza aterradora.
A veces, como bien lo sabía Freud, Thanatos prevalece
sobre Eros, en lo personal o en lo colectivo. ¡Qué
tontería es preferir aquel dios a éste! Amar siempre
será mejor que guerrear, pero hay quienes creen lo
contrario.
Todos los poemas seleccionados en esta antología son
excelentes, pero deseo destacar "Carta a los caníbales",
que son los seres humanos, a quienes el poeta les pide
que "no nos devoremos"; "Cuento sobre las mujeres
viejas", al que llamo poema de la intrahistoria, término
acuñado por Unamuno para referirse a la gente que no
figura en la historia, pero sin la cual no habría
historia, la gente que sostiene al mundo con sus manos,
como esas viejas que "se levantan al amanecer / compran
carne fruta pan / limpian cocinan" mientras "los
dictadores bufonean" o los hijos de ellas "descubren
América / mueren en las Termópilas / conquistan el
cosmos" pero las viejas siguen eternamente en sus
compras; "Sin", que yo había traducido, donde
dirigiéndose a Dios, el poeta le dice: Tú no ríes,
tremendo reproche, pues en la religión del crucificado
no existe la risa, al menos es la imagen que se nos ha
presentado, y finalmente "A la mitad de la vida", en el
que parece hablar un resucitado, alguien que debe
reaprender todo lo olvidado por él y por los demás, y
repetirse frases elementales. Después lo voy a leer,
pero antes oigan a Rózewicz comentar este poema: "En el
mundo de nuevo hay guerra.
Una de las cien que se libran sin pausa desde el final
de la Segunda Guerra Mundial.
Mi mundo, que intenté construir durante medio siglo, se
derrumba bajo los escombros de casas, hospitales y
templos"... y más adelante –esto lo entenderán después
de leerles "A la mitad de la vida"– ¡el poeta!
envejeció, está en el "umbral de la muerte y aún no ha
entendido que el cuchillo sirve para cortar cabezas para
cortar narices y orejas... para cortar lenguas que
hablan una lengua extranjera y para abrir vientres de
mujeres embarazadas para cortar pechos de las que
amamantan para cortar genitales para sacar ojos""...
abro la boca para decir algo ’al hombre hay que amarlo’
no al polaco alemán serbio albanés italiano judío
griego... hay que amar al hombre... blanco negro rojo
amarillo sé que mis cantos de mendigo no son de ’buen
gusto’...".
Creo que la poesía de Rózewicz –poesía de una muy
difícil sencillez– les hará mucho bien aquí a lectores y
poetas.
"En Siempre frag mentos ustedes podrán leer dos textos
en prosa: uno de la madre, que nos dice, mediante
pequeños detalles, la pobreza de Polonia después de la
Primera Guerra Mundial, y otro de Rózewicz, muy
desgarrador"
El Nacional, 30 de agosto de 2008
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