“La figura de Juan me
impresiona, me maravilla, en especial como maestro, por
su apasionamiento al dar clases y su manera directa. Y a
mí, que tenga ese estilo me ayuda”, dice la actriz y
debutante directora de cine Eloísa Tarruella. En el
documental Gené, en escena, el punto de partida son las
clases que Juan Carlos Gené imparte: la cámara lo
acompaña en ese recorrido y participa de la devolución
franca que les da a sus alumnos, derribando el mito de
las emociones y los sentimientos. Sostiene que de la
acción nace la emoción, y no a la inversa. La directora
sintetiza hitos de su carrera, como el unitario de
televisión Cosa juzgada, de fines de los ’60, que la
dictadura quemó. Además, en el documental, que se ve los
jueves de abril a las 21 en el CCC (Corrientes 1543),
rescata al guionista, autor, actor y director del Celcit.
Tarruella es
egresada de la Enerc, donde ejerce la docencia, así como
en el IUNA y en la Universidad del Cine. Fue discípula
de Gené y en 2008 ganó la Beca Audiovisual del Fondo
Nacional de las Artes con la que financió el documental.
Muestra a un Gené tal como es, a veces parco, frontal,
preciosista en el uso del lenguaje: un hombre de teatro
en todo el sentido de la palabra. “Está armado como un
rompecabezas: hay un ida y vuelta de un relato que lo
describe como docente y en su vida personal, con su paso
por Venezuela durante su exilio y la relación con su
esposa, Verónica Oddó, actriz, bailarina y maestra”,
agrega la directora.
–¿Gené
estaba bien predispuesto durante la filmación?
–Puso como
condición que no se interfiriera con las clases. La
película está realizada con dos cámaras. La vimos con
Juan, Verónica y Marcelo Albarracín, productor, que
además es su alumno. Juan me sorprendió al hacerme una
crítica de la estructura del documental, de cómo estaba
narrado, y después se emocionó. Sus observaciones me
pusieron contenta. La película destaca la relación
profesional con Oddó que, como él mismo reconoce,
significó un cambio en los paradigmas en su forma de
enseñar. Ellos se conocieron en el exilio, en Venezuela.
Verónica es chilena y fue alumna de Juan.
–Este es
su primer documental. ¿Qué dificultades tuvo?
–Significaba un
desafío, un mundo nuevo. En 2008 había ganado un premio
en el Festival de Cine Universitario de Madrid con el
cortometraje Otoño. Gené, en escena nos llevó muchas
horas de trabajo a Matías Mirassou, el editor, y a mí.
Teníamos treinta horas para contar una historia que
tuviera ritmo, diversidad de imágenes y hasta un tono de
ficción, como cuando Verónica está dando clases y los
alumnos están acostados en el piso.
–Usted
también pertenece al medio teatral...
–Me movilizaba contar esto, que tiene que ver conmigo.
Empecé a hacer teatro, como juego, a los tres años, en
el Teatro Catalinas. Ya a los seis salía de gira por
Chile. Estudié en el Instituto Labardén y después fui
alumna de Berta Goldenberg. Voy a debutar el 17 de abril
en El Bardo con Amorar, mi primera obra como dramaturga
y directora, que cuenta cómo se recuerdan un hombre y
una mujer una vez separados. Como dice Borges: la
memoria trata de la última vez que recordamos.