De Interés


ENTREVISTA Gilberto Pinto
"El folklore no puede ser el todo cultural de un país"
El dramaturgo asegura que el Gobierno ha dejado de apoyar el arte. "Dejó de hacer festivales de teatro para organizar unos de circo y de salsa. Para los chavistas, lo que no hace pensar es lo más conveniente, pero eso es una degeneración de lo que necesita la sociedad"

Por Mireya Tabuas

"No hay posibilidad de dialogar, porque el insulto ha sucedido al diálogo. Las palabras se volvieron huecas, nadie las escucha ni les hace caso. Ya no hablamos, vomitamos. Quisiéramos inventar nuevos signos que dieran la medida exacta de nuestra indignación, de nuestra protesta". La frase del monólogo El hombre de la rata, escrito por el dramaturgo Gilberto Pinto en 1963, parece reflejar al dedillo la sensación que tiene ­46 años después­ este hombre de teatro, quien expresa que la voz de los artistas que no están abiertamente a favor del proceso no es escuchada por la dirigencia cultural del país.

Al grupo Teatro del Duende, que dirige el escritor desde hace 54 años, le fue negado el subsidio, calificándolo de "conductas públicas perniciosas". La paradoja es que el dramaturgo fue Premio Nacional de Teatro en 1999, el primero en recibir este galardón de manos de Hugo Chávez Frías. El autor recuerda que en aquel discurso de agradecimiento le dijo al Presidente de la República: "Si no apoya la cultura, volveremos a la jungla".

Siente que aquella frase fue una suerte de profecía.

--¿Qué piensa al ver que un gobierno que se dice de izquierda le quita subsidio a grupos que hacen teatro de arte como el suyo? --Esas son las contradicciones profundas del sistema que se dice socialista incluyente y democrático y tiene esta discriminación. Los que me conocen saben que durante la cuarta república siempre estuve parado en la acera izquierda, donde creo que permanezco. Nunca, a pesar de ser socialista, me inscribí en ningún partido porque rechazo el ser convertido en una foca amaestrada. Creo que la simple libertad de pensamiento es revolucionaria. Sin embargo, el chavismo se olvida de la trayectoria de uno. Yo, de Pérez Jiménez para acá, he peleado con todos los gobiernos para que apoyen la cultura. El problema con el chavismo es que te ponen una etiqueta y te cosifican. Ya lo decía el maestro Simón Rodríguez, a quien no se atreverán a calificar de mentiroso y manipulador: "Nunca se hará República con gente ignorante".

--¿Cree que el problema es que la dirigencia cultural no es la adecuada? --Sí. Dentro del sector opositor hay muchos más artistas que en el sector oficial. El Gobierno desea que nosotros digamos y hagamos lo que él quiere, no vamos a entrar por ese aro, uno tiene libertad de conciencia y esa es la que se pronuncia. Sería bueno que se pasearan por la historia para que se tropezaran con la opinión de la camarada Rosa Luxemburgo: "La libertad sólo para los que apoyan el Gobierno, aunque sean numerosos, no es libertad". Si nadie protesta cuando el poder se excede, se pierden las libertades democráticas.

Sin confrontación ideológica la rueda de la historia se detiene. Hay que incentivar la tolerancia, que no es sino el respeto por las opiniones de los demás.

El problema del chavismo es el sectarismo que lo obnubila.

--¿Cómo debería ser la relación del Estado con los artistas? --El Estado y sus instituciones, según la Constitución, tienen la obligación de respaldar e incentivar la cultura dándole medios para que pueda manifestarse. Eso no se está respetando, aunque los derechos humanos lo exigen. La cultura es un derecho que tienen los ciudadanos, pero este Gobierno la cercena.

--¿Qué manifestación cultural o qué tipo de teatro apoya el Gobierno? --El de diversión. Los funcionarios chavistas consideran que divertirse significa no pensar, por eso producen una serie de espectáculos muy divertidos para que la gente no piense.

--¿Por eso la Dirección de Teatro pasó a ser de Teatro y Circo? --Sí, ¡cómo han apoyado al circo! Dejó de hacer festivales de teatro para organizar unos de circo y de salsa. Para los chavistas, lo que no hace pensar es lo más conveniente, pero eso es una degeneración de lo que necesita la sociedad. Es una de las cosas que los que hacemos teatro de arte no aceptamos. El Gobierno cree que el arte es elitesco. No se puede negar que el mundo burgués ha tomado las mejores obras para su disfrute, pero eso no significa que esas obras sean para los burgueses nada más, son obras para el pueblo.

De acuerdo con el mundo burgués, el que quiere ver un buen ballet debe pagar y mucho. El chavismo decía que el Teresa Carreño era un ejemplo de eso.

Pero este Gobierno, que se dice socialista, ha mantenido la discriminación. El Teresa Carreño sigue ofreciendo espectáculos con entradas que cuestan más de 400 bolívares fuertes.

--¿Entonces el Gobierno no ha logrado llevar el arte al pueblo? --No, ellos hacen un sub-arte, que es el populismo. No quieren el verdadero teatro, que es un transformador de transformadores. Uno, como dramaturgo, escribe para aquel que está interesado en hacer evolucionar el país, para darle ideas, para recordarle los fracasos de la política universal, para reconsiderar la historia, en fin, para propiciar todas esas transformaciones que necesita un Estado. Pero el Gobierno piensa que el Estado puede sostenerse nada más con una organización burocrática.

Debería verse en el espejo de Stalin, que borró toda la cultura rusa con el burocratismo y el burocratismo fue lo que hundió a la Unión Soviética.

--¿Qué cree que va a pasar con el futuro del teatro venezolano? --Los funcionarios reservan los espacios patrimoniales del Estado para lo que ellos hacen y dejan los demás a la empresa privada que, por supuesto, va a hacer teatro comercial. Así el teatro sigue existiendo, pero no el que le conviene a la nación, que es el teatro de arte. Que no haya una circulación libre de ideas va contra el Gobierno mismo. Dijo también Rosa Luxemburgo: "Sin una lucha libre de opiniones, la vida se muere en toda institución pública". Todo gobierno que obvia las contradicciones muere.

--Y un país sin cultura ¿también muere? --El otro problema es a qué llaman cultura. Ellos dicen que todo es cultura, pero ése es un concepto de la antropología. Si los funcionarios del Gobierno dicen que el yoyo, las metras y el palo encebado son cultura, yo les respondo que sí, pero no la cultura que necesitamos, ¿o es que el país va a crecer con palo encebado, metras y bolas criollas? --¿Cuál es la cultura que necesitamos? --Necesitamos el arte. El arte prepara al individuo para el desenvolvimiento social, así el país avanza. Esa idea de que volviendo a la tribu vamos a resolver los problemas económicos, políticos y culturales es una falacia, ya no podemos retroceder a la tribu, ya tenemos siglos de otro tipo de civilización que nos impide eso. Decir eso luce como una demagogia. El gran problema de nuestro país en materia cultural ha sido que gobierno que llega, acaba con lo que hizo el anterior, entonces también está condenado a verse destruido por el gobierno posterior. Eso se debe a que aquí se trafica con ideas pequeñas y si actuamos así vamos a tener un Estado pequeño. ¿O los grandes países se hicieron con esa ignorancia de la que habla Simón Rodríguez? No, están hechos por un montón de cerebros pensando. Aquí no tenemos pensadores como Pascal, como Hegel o como Engels.

--¿Existen las condiciones para que florezcan esos pensamientos? --Si el Gobierno no apoya la cultura, no existen esas condiciones, sino las contrarias. Formar un filósofo cuesta tiempo, más que tres años de estudio, es algo que dura toda la vida, como el arte.

--¿Ha surgido un arte distinto en la quinta república? --No se ha producido nada. Cada vez que veo un espectáculo planteado por ellos, veo un folklorismo tratado con poco brillo. Hay un folklore popular que debe ser apoyado, no lo estoy negando. Pero el folklore no puede ser el todo cultural de un país, porque la cultura es una superestructura del conocimiento.

--En este panorama cultural ¿qué va a hacer? --Volver a mi primer día en el teatro, haré teatro donde sea como lo hacía antes, en los sindicatos, en los portones, en las casas de vecindad, en cualquier parte. Al teatro no lo van a matar. Durante años mantuve las obras que hacía con el dinero que ganaba en televisión; ya no trabajo en en ese medio, así que ya veré. Es paradójico, pero a pesar de ser de izquierda, gané más con los presidentes de la cuarta república, contra quienes manifesté y peleé.

Esos gobiernos no me ayudaban económicamente, pero por lo menos no estorbaban.

El de ahora estorba. Pero yo seguiré escribiendo, haciendo teatro, porque a los 80 años de edad qué más voy a hacer.

Sin respuesta del ministro de la Cultura
Gilberto Pinto y su esposa, la actriz Francis Rueda, fueron en septiembre al Ministerio de la Cultura para saber qué había sucedido con el subsidio que recibía el Teatro del Duende. El despacho cultural había colocado a la agrupación en el renglón "casos excepcionales", que significaba la negación del aporte económico. En la misma situación estaban agrupaciones de larga trayectoria como Theja, Skena, Grupo Actoral 80 y Bagazos.

Un documento del ministerio clasificaba los casos excepcionales como "colectivos e individualidades cuyas conductas públicas perniciosas afecten la estabilidad psicológica y emocional de la población, haciendo uso de un lenguaje ofensivo, descalificando, mintiendo y manipulando a través de campañas mediáticas dispuestas para tales fines".

Los calificativos enervaron a Pinto, que envió una carta al ministro de la Cultura, Héctor Soto, en la que pregunta: "¿Qué es lo que se persigue con juicios amañados como éste? ¿Que uno se nulifique, que se haga indistinguible del rebaño? ¿Que uno pierda su individualidad?" El ministro nunca le respondió.

Al dramaturgo no le preocupa el subsidio en sí, que se había reducido a 20.000 bolívares fuertes al año, pero sí el insulto. Aclara que ni su grupo ni los otros que están en la lista hacen teatro político o contra el Gobierno, pero algunos de sus representantes han hecho declaraciones públicas para exigir una mejor gestión cultural.

"Esa medida tiene carácter de censura, de exclusión y es anticonstitucional. Calificar de pernicioso a un artista es indignante, más aun cuando viene de un grupúsculo de monomaníacos del sistema que no toleran la más pequeña crítica de su gestión, pues mi único desliz pernicioso ha sido reclamar ­cosa que seguiré haciendo­ mayor apoyo a la cultura, tal como obliga la Constitución".

El Nacional, 1 de noviembre de 2009

 

 

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