La muerte no calla a
Gilberto Pinto
El dramaturgo y director
teatral falleció ayer en la madrugada.
Por
Ángel Ricardo Gómez
"Carlos Escarrá: 'No hemos
desplazado la cultura de la IV República'. Sobre todo en
el teatro: apoderándose de las salas, negando los
aportes necesarios para producir teatro de altura,
coartando la libertad de expresión, calificándonos de
'perniciosos', incitándonos a la autocensura... ¡Qué
lucidez y honradez de politólogo!". Gracias a su
compañera, la actriz Francis Rueda, el pensamiento de
Gilberto Pinto (1929-2011) palpitaba en las redes
sociales. Él, que no era precisamente amigo de los
medios masivos, sobre todo, por lo que conllevan de
"contra-cultura", tuvo presencia permanente en el perfil
de Facebook de la actriz. La frase inicial la citaba
ella el 7 de diciembre de 2010, justo un año antes de la
partida del maestro.
Ayer, en horas de la madrugada dejó de existir quien
pasa a la historia como dramaturgo, director y pedagogo.
Aunque muchos extrañarán también al hombre militante,
crítico, comprometido con esa forma de ver la vida que
permeaba al teatro... su vida.
El pasado 7 de septiembre se cumplieron 82 años desde
que naciera en la parroquia Santa Rosalía de Caracas. En
el teatro, comenzó en 1948 en el Curso de Capacitación
Teatral de Jesús Gómez Obregón. No obstante, el
experimentado Fernando Gómez lo recuerda como un
quinceañero trabajando como actor con el director Luis
Peraza.
Apenas terminó el sexto grado, pero su inquietud
intelectual lo llevaría por caminos insospechados: se
convirtió en un prolífico director y dramaturgo.
Escribió alrededor de 18 piezas, muchas escenificadas en
otros escenarios del mundo. La última, el pasado 7 de
marzo en el Festival Internacional de Glasgow, donde se
presentó su pieza El confidente, en el National
Theatre of Scotland.
"¿Saben lo que voy a hacer? Me dedicaré a andar delante
de mí, siempre derecho, hasta conseguir un lugar donde
pueda vivir, trabajar y amar en paz... Si algún día lo
encuentro les avisaré. Y si no, ¡Vendré a decirles que
no existe y que debemos luchar hombro con hombro para
hacerlo!". Así lo escribe en El hombre de la rata,
de 1963, una de sus obras emblemáticas junto a La
noche moribunda y El peligroso encanto de la
ociosidad, con la que Rajatabla abrió la primera
Muestra de Dramaturgia Nacional, en homenaje al maestro.
También destacan en su dramaturgia Los fantasmas de
Tulemón, La guerrita de Rosendo y La
visita de los Generales, una de sus últimas
creaciones.
"¿Cómo que no vamos a estar metidos en la política si el
teatro es política? Cuando tú montas una obra comercial,
insulsa, estás haciendo política, te estás poniendo de
acuerdo con la idea de que este país está bien y no hay
más nada que hacer", decía Pinto a El Universal
en 2008.
Hombre de izquierda y revolucionario auténtico, no dudó
a la hora de cuestionar lo que no andaba bien. "Cuando
el teatro trata temas complejos e incómodos, pero
comprometidos y necesarios en una sociedad empeñada en
obviar todo lo que no se ajusta a su intrascendente
pauta de conducta, se topa con el poder político
totalitario, para quien todo creador honesto resulta
sospechoso... o 'pernicioso', como nos calificó a Héctor
Manrique y a mí, un sirviente del ministro Farruco
(Francisco Sesto)", diría el maestro en palabras que
siguen encendidas...