|
De Interés
Dennis Hopper dice su última
palabra
El actor fallecido es
encumbrado como artista en la primera exposición que le
dedica un museo contemporáneo
Por Rocío Ayuso
La muerte de Dennis
Hopper,
ocurrida el pasado 29 de mayo, está lejos de silenciar
el legado de
una de las principales figuras de una generación ya
perdida. Por vez primera un museo estadounidense le
reconoce una poderosa dimensión artística con una
exposición que muestra más de 200 trabajos, realizados a
partir de los años sesenta. En esta especie de antológica
es fácil rastrear la evolución del artista, capaz de
explorar en la abstracción, el pop art o el
realismo.

Robert Rauschenberg, fotografía
tomada en 1966.
Dennis Hopper
double standard, que se
puede visitar en el
Museo de Arte Contemporáneo de Los Ángeles (MOCA)
desde hoy y hasta el 26 de septiembre, incluye
fotografías, graffitis, pinturas e instalaciones
seleccionadas por Julian Schnabel, un artista que ha
reconocido en sí mismo las influencias de Hopper, icono
rebelde de Hollywood y creador curioso capaz de saltar de
la pintura a la fotografía y de esta a cualquier otra
disciplina.
Aunque en el fondo,
él siempre se consideró una sola cosa, como
explicó a la revista Vanity Fair en la última
entrevista que concedió antes de morir a los 74 años y que
se ha publicado de manera póstuma este mes. "Yo me gané la
vida como actor y me encanta la interpretación, así que
soy un actor", admitió a Bob Colacello cuando le abrió su
casa de Los Ángeles para esa última charla.
Lejos de
considerarse una excepción artística en un Hollywood
cegado por el brillo de sus estrellas, Hopper fue rápido a
la hora de mencionar a otros intérpretes creativos que se
encuentran en su misma posición. "Viggo Mortensen. Es un
escritor buenísimo. Un gran fotógrafo. Pinta. Y hace
música".
Lúcido aunque muy
cansado y sin sentirse bien ante el avanzado estado de su
enfermedad, Hopper se sinceró en la entrevista a la hora
de hablar de sus logros. ¿El punto álgido de su carrera?
Easy rider (En busca de mi destino), sin
lugar a dudas. Y, junto a The last movie,
son las únicas películas que admitió haber hecho en
completa libertad. Como actor eligió Terciopelo azul,
dirigida por David Lynch. "Pero he participado en filmes
increíbles. Hubo un momento en el que había tomado parte
en las cinco películas más caras de la historia [...].
Apocalypse now fue una de ellas", subrayó.
En la misma
entrevista, Hopper también se sinceró sobre su rebeldía
política, sin casarse con nadie hasta el punto de votar a
George W. Bush en las elecciones de 2000. "Miré a los dos
[candidatos] y dije: '¿A quién quiero tener a mi lado en
la batalla?'. A Bush. Y esa es la verdad", admitió. Un
apoyo que no vio incompatible con sus simpatías hacia
líderes demócratas como el ex presidente Bill Clinton o el
actual presidente Barack Obama.
De todos modos su
preocupación por su país es palpable: lo encontraba en su
peor forma. "Es increíble lo conservador que este país se
ha vuelto. Es como si los sesenta nunca hubieran
existido", remarcó con pesar uno de los actores de
Rebelde sin causa.
Las palabras de
Hopper llegan acompañadas de una de sus últimas fotos,
avejentado, consumido por la enfermedad y sin su habitual
sonrisa cargada de cinismo, pero rodeado por sus cuatro
hijos como un patriarca. Parte de Hollywood desde los 18
años, el actor describió los estudios Warner como su
universidad. Calló, por el contrario, los aspectos
referentes a su vida personal, en especial el último
divorcio de su quinta esposa, Victoria Duffy, en el que se
metió cuando ya le habían diagnosticado el cáncer. "¿Quién
habría pensado que pediría el divorcio en este estado?",
fue uno de sus pocos comentarios sobre el tema. Hopper
también hizo una breve alusión al tumultuoso divorcio al
mostrarle al entrevistador su colección de arte, un tanto
caótica debido a los "arreglos" derivados de la
separación, un divorcio que todavía es tema de disputa en
los tribunales.
Todo eso queda al
margen al pasear por una muestra con obras datadas desde
1961 (las anteriores se quemaron en el incendio del
estudio en Bel Air del actor ese año). Hopper evoluciona
como artista adelantándose a los cambios sociales, y juega
con los objetos más comunes y los momentos más vulgares de
la vida dándoles la vuelta para encontrarles un
significado especial. Justo lo mismo que hizo como
intérprete.
El País, España, 8
de julio de 2010
|