De Interés

 

CONTROVERSIA

Las amenazas sólo han logrado afilar la agudeza de las opiniones

El humor venezolano sigue acostumbrado a pasar trabajo

Comediantes coinciden en que la relación entre sus ideas y el Gobierno ha empeorado en la medida en que el Presidente no acepta críticas


Por Marjorie Delgado Aguirre

 

Laureano Márquez no pertenece al grupo taxonómico Aves, pero sí le dijeron "Te metiste conmigo, pajarito". Si un politólogo y humorista no puede hacer chistes de política, ¿sobre qué puede hacer humor? El pajarito encontró la respuesta: el viernes escribió sobre la "Coliflor en Dinamarca". Y lo mejor vendrá la próxima, cuando escriba sobre "El sexo en los erizos (con fotos inéditas)".

La semana pasada la ministra de Comunicación e Información, Blanca Eckhout, acusó a Márquez de incitar a la violencia a través del texto "Venezuela sin Esteban", un artículo en el que bromea sobre cómo será el país cuando Hugo Chávez no ocupe la Presidencia. Como esto causó tanto enojo, al politólogo le dio por escribir que "la coliflor, conocida también como brassica oleracea es una planta anual (se produce una vez al año)", aclaró para los que no entienden nada de nada y para no contradecir a los que sí creen que hay que subestimar al lector.

Al final, preguntaba a Esteban: "¿Estará bien, Este...?".

Ildemaro Torres, autor del libro El humor gráfico en Venezuela, dice que los políticos no saben a lo que se exponen cuando un humorista tiene contestaciones lapidarias: a la final son esas respuestas geniales las que quedan en la memoria popular. "Uno a lo que aspira es que se entienda que el lector percibe, juzga y merece ser tratado como un ser pensante, inteligente", señala. ¿O será que, como afirma Zapata, "Aquí ya no se puede ser inteligente, Laureano"?.

El episodio de Márquez fue propicio para tomar el pulso de un tema del que se ha hablado epilépticamente: la relación entre el humorismo y el Gobierno en los últimos 10 años. La premisa requeriría, al menos, una tesis con cientos de páginas en Times New Roman tamaño 12, pero en este espacio algunos humoristas coinciden en que la relación entre el humor y el Ejecutivo ha empeorado en la medida en que el discurso político del presidente Chávez se ha radicalizado.

Laureano Márquez refiere que en 1999, cuando un grupo de humoristas montó una obra llamada La reconstituyente ­que según él era mucho más cuestionadora que cualquiera de sus artículos­, muchas personalidades del Gobierno asistían como para dar cuenta de que estaban dispuestos a aceptar cuestionamientos.

"Hoy la situación es absolutamente distinta. El Gobierno no está dispuesto a tolerar la crítica, y menos la de los humoristas. Será porque le pasa lo que una vez le pasó a Julián Castro, al que un ministro le llevó unos versos humorísticos publicados en un periódico. Castro mandó a meter preso al humorista y, cuando su subordinado le preguntó que por qué lo encarcelaba a él en vez de a otros que escribían textos mucho más críticos, el mandatario respondió: `Es que lo que jode es el versito". El politólogo dice que con su artículo ejerció su derecho a imaginarse una República en la que exista la alternabilidad del poder.

"¿O es que acaso es un delito imaginar que Chávez saldrá en las elecciones de 2012?", se pregunta.

El primer altercado que tuvo Chávez con el humor fue a propósito de una caricatura que Pedro León Zapata publicó en el año 2000 y por la que el Presidente llamó al caricaturista lacayo de Miguel Henrique Otero. ¿Qué lectura le dio Zapata a ese episodio? "Ninguna: ambos somos analfabetos.

Él en lo mío y yo en lo suyo. Él quiere ser cantante y yo quiero ser humorista", dijo.

Roberto Weil, quien fue calificado en 2008 por Mario Silva y Eva Golinger de terrorista por una caricatura que había hecho 4 años antes, también sostiene que no era lo mismo hacer humor hace 10 u 8 años que hacerlo hoy. "Cuando comencé, en 2000, no había esa amenaza hacia la libertad de expresión como la de hoy. Por eso, este gobierno nos ha hecho mejores caricaturistas. Somos más astutos en la manera de decir. Sin ser explícitos, decimos lo mismo que quisiéramos decir", señala.

El de la semana pasada no es el primer episodio con el que Laureano Márquez pasa trabajo. En noviembre de 2005 escribió la famosa "Carta a Rosinés" y afrontó un proceso judicial en Barquisimeto por la alusión a la hija menor de Chávez.

Norah Suárez indica que en Radio Rochela han parodiado a todos los gobiernos, a todos los presidentes: "La política ha sido vital para la construcción de la historia del humor en este país. Todos los mandatarios y otras personalidades de varios gobiernos han sido parodiados en la Rochela, pero éste es un gobierno que no acepta la disidencia y que ve en cualquier chiste una intención de desestabilización".

Hay que decirlo: no es éste el único gobierno que ha señalado a los humoristas. Lo han hecho los de los dictadores y también lo hicieron mandatarios como Lusinchi y Pérez, por ejemplo, pero el repertorio de justificaciones en el pasado, sobre todo después de haber llegado al poder tras la promesa de acabar con todo vicio pretérito, se agota cada vez más. Además, la diferencia que existe entre éste y otros gobiernos, según Ildemaro Torres, es que antes no había humoristas que celebraran los desplantes a la libertad. "Hoy hay dibujantes oficiales, y conductores de programas de televisión que exhalan conductas represivas del humor, mientras ellos hacen un humor muy burdo. Eso sin contar ese humor que es hecho desde el poder".

Zapata está claro y lo dice sin tapujo: "El humor siempre existe y está acostumbrado a pasar trabajo".

 

El Nacional, 7 de febrero de 2010

 

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