De Interés

 

La prótesis del hincha

Por Ibsen Martínez


Hace tres años me sometí a una cirugía de corazón abierto para colocarme una válvula aórtica de recambio.

Mi disfunción de entonces es conocida como estenosis áortica, es irreversible y potencialmente fatal ­ una arritmia superlativamente caótica puede traer consigo la llamada "muerte súbita"­ si no te colocas una prótesis.

Esta es toda la información clínica necesaria para seguir leyendo esta bagatela. Desde que mi válvula marca St. Jude palpita dentro de mí, no me ha sido posible dormir sobre el lado izquierdo: el colchón obra como caja de resonancia de un latido inverosímilmente vigoroso para ser humano. Cuando aplasto descuidadamente la cabeza sobre mi oreja izquierda, al borde del sueño, con un libro cayéndose de mis manos, experimento un sobresalto al escuchar el tump-tump de mi particular conteo regresivo.

Imparto ahora una información que desearía no obrase sobre el lector como una bomba impelente-aspirante de patetismo: la fortísima arritmia, hecha de dolor y desconsuelo, que me llevó al quirófano sobrevino justo tres semanas después de que Guillermo, mi pequeño hijo de nueve años, cayese fulminado por la muerte súbita, justo después de descontar varios defensas contrarios, en mitad de una picada por la banda izquierda. El post mortem permitió saber que había heredado mi estenosis, que no es más que un ensanchamiento inusitado de la aorta.

A la mía le tomó más de veinticinco años manifestarse con una arritmia de advertencia; la primera arritmia experimentada por Guillermo, en cambio, lo mató en el acto.

La mamá y la familia materna de Guillermo son argentinos y sus primitos porteños, hasta donde sé, hinchas del River Plate; yo, venezolano y cerril fanático del béisbol, no logré infundir en Guiller el gusto por este deporte en el que las reglas, vista de lejos, parecen excepciones.

Pero ahora, de tanto echar de menos al pequeño extremo izquierdo, mi prótesis late de arritmia patriotera en cada partido de la vinotinto en la que el chamo soñaba jugar algún día. Gustoso dejaría que me sacaran la dichosa válvula por ver al Guille, jugando gritón al fútbol, remedando el acento y los tacos porteños que aprendió de sus primos durante unas vacaciones en la Argentina.

¿Comprende el lector porqué, y pese lo aborrecible que me resulta ese infeliz compendio de miserias morales que es Maradona, mi favorito en este mundial sea la Argentina?


 
El Nacional, 28 de junio de 2010

 

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