Al Grupo Actoral
80, en su director Héctor Manrique.
Me entero, pues, que alguien advirtió al menos, una
parte de la torpeza a la que me referí en mi nota de
meses atrás, y ha intentado enmendar los errores
cometidos con algunos grupos teatrales venezolanos. Pero
también de que el GA 80 ha sido "distinguido" al quedar
expresamente como único privado de apoyo estatal.
Alguien está
diciendo, entonces, que con el GA 80 no ha habido ningún
error, sino una clara acción política. Y, efectivamente,
el hecho polìtico es no tolerar el disenso y la crítica.
La medida no va contra un gran medio de comunicación
masiva, ni contra una organización enquistada en
combinaciones de poder, ni contra quienes pueden y a
menudo suelen estar dispuestos a aventuras polìticas
oscuras. Golpea en un sitio ocupado por un pequeño grupo
de apasionados por el teatro cuya peligrosidad es
imposible imaginarse. Independientemente del carácter
más simbólico que real del subsidio ahora negado (me
refiero a su monto exiguo), la simbología del gesto se
hace de una realidad contundente: se sabe hacia dónde se
dirige un proceso en el que estas cosas ocurren y se
toleran; nuestro tiempo nos ha dado ya suficientes
pruebas de que se marcha hacia la imposible unificación
de las mentes, que en su natural impotencia, termina por
apelar a silenciar toda voz diferente. Y también
conocemos el sofisma de "con la revolución todo; fuera
de ella, nada": siempre alguien se atribuye el derecho
de decidir quién esta "con" y quién está "fuera",
siempre hay alguien que dice ser en sì mismo, esa
supuesta revolución.
Querido Héctor, queridos compañeros, nuestra solidaridad
y afecto.
Juan Carlos Gené
11 de enero de 2010