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La cultura amenazada
Juan Páez Ávila
Después de despojar al Ateneo de Caracas de su espacio
físico y de expulsar algunos científicos del Instituto
Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic), el
Ministerio de la Cultura le ha eliminado el subsidio a
cuatro grupos teatrales aplicándoles el criterio
subjetivo, seguramente expuesto por algún comisario
político para hacer cumplir la línea del partido, de que
no se financiará a ningún colectivo o individualidades
"cuyas conductas públicas perniciosas afecten la
estabilidad psicológica y emocional de la población", lo
que ya puede interpretarse como una amenaza a la cultura
en general, para tratar de imponer un pensamiento único
a los venezolanos del siglo XXI.
Estas acciones discriminatorias contra algunas
manifestaciones de la cultura venezolana, aparentemente
aisladas, de seguirse aplicando por parte de los más
altos funcionarios del Ministerio de la Cultura
conformarían a corto y mediano plazo una política
oficial orientada a coartar la libertad de pensar y
expresarse los venezolanos creadores del hecho cultural,
por ahora dependientes directa o indirectamente del
Estado. Esa política de negarle subsidios al teatro
venezolano, que igualmente se ha aplicado a otras
expresiones artísticas, si bien satisface la concepción
ideológica y dogmática de los funcionarios que se creen
en posesión de la única verdad que existe en esta y
otras materias, no sólo perjudica a los sectores de la
clase media, que hoy por hoy ha alcanzado altos niveles
culturales, sino también a los movimientos populares que
aspiran a expresarse libremente a través de sus
creaciones humanas y humanísticas.
El juicio a la cultura no lo pueden ni lo deben realizar
algunos burócratas que buscan congraciarse con el jefe
del gobierno para garantizar su estabilidad en altos
cargos, sino el pueblo mismo que asiste a los actos
culturales o lee los libros que circulan libremente en
una sociedad democrática. Y si el Presidente de la
República no lo sabe, como afirman algunos de sus
correligionarios que todavía lo veneran, para denunciar
el desastre y la corrupción en algunos despachos
oficiales en la era de la revolución de las tecnologías
de la comunicación, no es posible encasillar ni
encarcelar las ideas para que sólo se oiga la voz de los
adulantes dogmáticos y se lea la palabra de los
inoperantes mujiquitas del siglo XXI.
Ultimas
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6 de
octubre de 2009
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