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LA OBRA DE SAMUEL
BECKETT LLEGA A CARACAS PARA CREAR POLÉMICA
"Final de partida" revela el sinsentido de la
vida Héctor Manrique sigue con el teatro más importante
del siglo XX
Caracas. ¿Cuál es el sentido de la vida si el que
nace está condenado a perecer? ¿Vale la pena vivir a
sabiendas de que la muerte acecha? ¿Es justo convivir en
una sociedad donde las relaciones humanas están regidas
por pautas de poder? ¿Para qué un gobernante acumula
poder si no puede impedir su muerte o una enfermedad que
lo destruirá lentamente y con muchos dolores? ¿Para qué
un magnate acumula tesoros si no puede comprar la vida
eterna? Esas y muchas otras preguntas esencialistas se
las hará el público cuando vea el montaje que Héctor
Manrique ha logrado con la pieza Final de partida,
de Samuel Beckett (Dublín, 13 de abril de 1906/ París,
22 de diciembre de 1989), una producción del Grupo
Actoral 80 que se presentará desde el próximo 15 de
noviembre en la sala Horacio Peterson.
Héctor Manrique -nombre ar- tístico de Héctor Rodríguez
Manrique (Madrid, 1964)reconocido director y productor
de eventos teatrales, formado por el maestro argentino
Juan Carlos Gené, dice que monta Final de partida
por varias razones: -Este es mi segundo texto de Beckett
que llevo a las tablas; el primero, Esperando a Godot,
en 1996, significó un gran aprendizaje, al lado de
Iván Tamayo, Basilio Álvarez, y Héctor Palma, quienes
ahora son profesionales consolidados, apuntalados por
veteranos como Alejo Felipe y Julio Mota; fue un
espectáculo muy celebrado por el público por el humor
presente en esa pieza y la organicidad como estaba hecho
el espectáculo; recibimos varios premios y estuvimos 20
semanas en temporada, en la sala del Grupo Actoral 80,
en Parque Central. Desde entonces he leído todo lo que
me cae sobre ese autor, que es para mí una especie de
obsesión desde que empecé a hacer teatro.
Reitera que Beckett es uno de los grandes autores del
siglo XX. "No es gratuito que en una encuesta que se
hiciera a 150 teatreros del mundo, ellos escogieran las
cinco obras más importantes de la centuria y ahí
estaban, encabezando, Esperando a Godot, después
seguía La muerte de un viajante, Un tranvía
llamado deseo, ¿Quién le teme a Virginia Wolf?
y Final de partida. O sea que Becktt tiene
dos entre esas cinco piezas. Todo eso, pues, me ha
incitadoa llevar a escena su Fi nal de
partida".
Recuerda que Final de partida se centra en cuatro
personajes que ocupan una escena casi desprovista de
elementos escenográficos, y entregados a unos
esclarecedores pero amargos diálogos. Ellos son: Hamm,
inválido confinado a su sillón; Clov, sirviente que
deambula continuamente por la escena. Y Nagg y Nell, los
padres de Hamm, encerrados en sendos depósitos de
basura. Todos viven en un mundo absurdo, pero regido por
una lógica peculiar. Un mundo del que quisieran escapar,
pero al que finalmente se han resignado. "Uno llora,
llora, por nada, por no reír y poco a poco, una
verdadera tristeza nos invade", exclama Hamm.
Manrique explica que el espacio donde están los
personajes es to- talmente gris y todo pareciera que es
el final de la humanidad y que solamente ellos son los
sobrevivientes. "Ahí es donde deben brotar preguntas
como estas: ¿Todo esto tiene sentido?, ¿La vida tiene un
sentido?".
-¿Cómo se responde a tales interrogantes?
–Tal como lo dice el texto: en el principio está
contenido el final y nosotros continuamos. Es decir,
desde que nacemos, ya tenemos el primero y único boleto
y eso nos recuerda la muerte, más adelante o un poco más
acá, pero nosotros insistimos. Es una pieza sobre el
poder, porque invita a reflexionar sobre la razón misma
del poder si al fin y al cabo el que lo detenta también
va a morir. El título lo dice todo: el final de una
partida, de un juego. Eso define la obra, porque para
Beckett la existencia era eso: no se concibe una
existencia sin la generosidad, sin el bien, si además
todos sabemos que la vamos a perder.
-¿Por qué monta esta obra tan amarga?
–Creo que el público se va a reír muchísimo, pero yo he
querido autopellizcarme el culo con una pieza que nos
llama la atención de una manera directa, total y
profundamente poética, que nos zarandea, que nos hace
salir del teatro haciéndonos las preguntas más
importantes que el hombre debe hacerse, entre esas
están: ¿Para qué estoy aquí? ¿Cuál es el sentido de todo
esto? ¿El sentido de todo esto es coleccionar dinero o
poder? o ¿podemos ser medianamente felices? En esta
obra, un personaje le pregunta al otro: ¿Tú alguna vez
has sido feliz? y el otro le responde: Nunca, que yo lo
recuerde".
-¿Cuáles son sus aportes como director?
–Para mí sería difícil, cuando estoy a menos de dos
semanas para estrenar, contar cuáles han sido mis
aportes, pero admito que ha sido una experiencia
enormemente intensa. Hemos buscado el trabajo creativo
de actores como Juvel Vielma, Daniel Rodríguez, Juan
Vicente Pérez y Melissa Wolf, cuyas edades promedio son
de 25 años. Estudiaron y crearon sus personajes, además
del trabajo colectivo, y creo que serán una revelación.
-Usted dirige espectáculos comerciales como
"Confesiones de mujeres de 30", y ahora hace
"Final de partida". ¿Cómo explica eso? -A mí
me divierte hacer teatro y procuro hacerlo lo mejor posi-
ble, esa es mi consigna. Con respecto a los espectáculos
comerciales debo aclarar que no son producciones del
Grupo Actoral 80, institución que antes ha exhibido
montajes como El día que me quieras,
Copenhague, Arts o La revolución. A mí me
seduce descifrar una obra como Copen hague
o meterle el diente a Final de partida,
que es una pieza esencial para la humanidad que avanza
en este siglo XXI, donde la civilización está amenazada.
El Mundo, Caracas , 06 de Noviembre de 2007 |