De Interés

 

LUIS CARLOS DÍAZ El periodista considera que Twitter es una herramienta de ciudadanos
"Internet no es un espacio de militantes"

El coordinador de comunicación del Centro Gumilla hace un llamado al Gobierno para que legisle en positivo todo lo referente al área de las telecomunicaciones. Dice que lejos de censurar, más bien debe estimular el consumo de información y los debates

Por Andreína Martínez

 

Las redes sociales y el uso de Internet se han convertido en un asunto de interés para el Gobierno en las últimas semanas. Varios voceros del régimen, entre ellos el presidente Hugo Chávez, llamaron a los partidarios del oficialismo a que sean partícipes en los nuevos medios de comunicación, un cambio de discurso pues inicialmente se dijo que herramientas como el Facebook o el Twitter podrían ser elementos desestabilizadores para el país.

El uso de las nuevas tecnologías se puso en la mira debido a que muchos ciudadanos venezolanos han aprendido a usar Internet para informarse y comunicarse de otra manera, que no requiere de los medios tradicionales.

El coordinador de comunicación del Centro Gumilla, Luis Carlos Díaz, señala que este cambio en el paradigma ocurrió desde hace una década con el surgimiento progresivo de plataformas como Wikipedia (enciclopedia escrita por voluntarios en todo el mundo), Flickr (para compartir fotografías), Youtube (en la que los usuarios suben videos) y los blogs.

"Internet ofreció herramientas que estaban en manos de la gente. Las personas ahora son autónomas. Entran en Internet de muchas formas.

En Venezuela, por ejemplo, es muy accesible porque una hora de conexión es más barata que comprar un refresco. Quien se queda afuera es porque no ha terminado de adoptar la tecnología, pero no es por falta de recursos", señala Díaz, que también se desempeña como miembro de los consejos editoriales de las revistas SIC y Comunicación.

--Todo lo que menciona parece positivo. ¿No tienen las redes sociales algún aspecto que vaya en contra de la comunicación?

 

--A pesar de todo lo que hemos visto, estamos apenas en la prehistoria de Internet; en 50 o 100 años esto será otra cosa. Quizá la tecnología va muy rápido y se sale de órbita para algunas personas que quieren seguir lo que ocurre. Pero eso no es un problema, es un ruido que se puede controlar usando filtros de búsqueda.

Un inconveniente tiene que ver con la inseguridad de datos, pero eso depende de que la gente sepa o no dar información: su número de cuenta, su localización geográfica. Sin embargo, la gente ha ido dejando de lado esa inocencia.

--Quizá el llamado de atención está en que las redes sociales pueden llegar a ser vulnerables. Por ejemplo, suplantar personalidades.
¿Representa un peligro real?

 

--Sí, pero las redes sociales son un tejido orgánico que está en constante movimiento. ¿Qué puede pasar? ¿Que alguien cree una cuenta con el nombre del presidente Chávez y diga un tubazo en Twitter? Quién le va a creer, si él siempre habla en televisión. La sociedad no es vulnerable en ese sentido.

Puede ser sensible en caso de que se regule el acceso a Internet o se empiecen a restringir cosas, pero no porque haya sobreabundancia de información.

--Usted dice que estamos en la prehistoria de Internet, ¿existen ya teorías sobre los nuevos medios de comunicación?

 

--El más reciente libro del sociólogo español Manuel Castells, Comunicación y poder, sintetiza el tema de la tecnología con la sociología en el sentido de cómo se transforma esta nueva forma de comunicarse. La gente tiene en sus manos un poder que no es precisamente el de las armas ni el de la burocracia, sino el que se refiere a la opinión pública, a la movilización y a la deliberación. Esos tres componentes son los que, por ejemplo, lograron romper el blackout informativo en Honduras cuando sacaron del poder a Manuel Zelaya. La gente lo denunció. Los venezolanos dijeron: "Golpe de Estado".

Twitter no es de derecha o de izquierda, es de ciudadanos. Ese poder suave es el que tiene loco y confundido a los otros poderes mediáticos, políticos y económicos.

--¿Qué peligro podrían representar para el Estado venezolano las redes sociales?

 

--Para el Gobierno significa que tendrá que ser más claro, rendir más cuenta. Twitter se convirtió en la nueva pantalla dividida de las cadenas. Ése es el problema para ellos. El ex ministro de Comunicaciones Andrés Izarra dijo que el socialismo necesita una hegemonía comunicacional, y lo han logrado malamente en la televisión, en la radio, en la prensa. Sin embargo, pueden controlar la radio y la televisión con las cadenas, pero Internet no.

--En un primer momento dijeron que las redes sociales podían ser elementos desestabilizadores. Luego, cambiaron el discurso para llamar al oficialismo a que usara esas herramientas...

 

--Recuerdo que en agosto del año pasado los usuarios de Twitter lograron que la etiqueta "#FreeMediaVe" fuera una de las más vistas.

La Agencia Bolivariana de Noticias reseñó que era una campaña mediática de ultraderecha que intentaba aterrorizar a la población.

Eso es falso, lo que se logró fue poner ese tema en la opinión pública, pero no se buscó movilizaciones militares. La semana pasada Manuel Villalba, presidente de la Comisión Permanente de Ciencia, Tecnología y Comunicación Social de la Asamblea Nacional, dio unas declaraciones. Dijo que el problema de Twitter eran los usuarios anónimos que corren un rumor y luego la gente se aterroriza. Él confunde varias cosas. Los anónimos en Internet no tienen capacidad de movilización.

Eso es ruido. Los que movilizan gente y logran cambios son los que ponen nombre, apellido y foto. Ahora hay un cambio de discurso. El Gobierno invitó a gente nueva a que llegara a la red social.

Ellos están ahí, intentando comunicarse con Mario Silva tanto como la oposición busca entablar contacto con Carla Angola. Pero lo que realmente genera cambios es la gente que se comunica de forma independiente entre ellos. El Gobierno no puede controlar eso.

--¿Los anónimos no generan cambios porque sencillamente no tienen credibilidad?

 

--La importancia de la red es que te comunicas con gente que conoces o que sufre el país como tú. Por eso Villalba no puede tachar a Twitter de fascista, porque Internet no es un espacio de militantes.

La gente no está todo el día escribiendo "Fuera Chávez" o "Viva Chávez". Hay personas que son reposteras y escriben sobre sus postres, pero de vez en cuando dan su opinión sobre la situación política. O los taxistas que utilizan sus celulares para saber cómo está el tráfico.

Twitter te permite un reporte ciudadano. Este efecto que vemos en Venezuela se ha vivido en España, en Argentina, en Irán. La diferencia es que China tiene terror, por eso Internet está bloqueado por el Estado; en Irán hay más terror todavía porque la blogósfera de ese país tiene mucha más masa crítica que la nuestra. En Venezuela somos espacio de titulares, mucho más de reacciones.

Vemos la televisión y respondemos a lo que allí pasa.

--¿Cree que es posible que el Gobierno empiece a restringir el acceso a Internet?

 

--La posibilidad la tienen porque igual pensamos que no habrían actos de censura y aprobaron la Ley para la Prohibición de Videos, Juegos y Juguetes Bélicos. Lo mismo podría pasar con Internet. El año pasado el Gobierno presentó el proyecto de ley orgánica de telecomunicaciones, informática y servicios postales que hablaba de un nodo central. Eso significa agarrar todas las telecomunicaciones del país y pasarlas por un cuello de botella. Eso alertó a los investigadores porque significa darle al Estado la potestad de monitorear lo que está pasando. Lo peligroso es el cierre, que se filtre contenido, que Twitter y Facebook no estén activos. El Gobierno no ha dicho que lo va a hacer, pero puede tener la potestad en caso de que la ley se apruebe como está. Se le suma que este es un Gobierno paranoico, que depende de los medios de comunicación, del control de la opinión pública y de la intervención.

Por eso creo que hay que hacerle ver al Gobierno, de forma atractiva, que tiene que legislar en positivo.

 

El Nacional, 15 de febrero de 2010

 

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