De Interés

 


Sexo Sentido
¡Mujer, mujer!
"...En una sociedad tan hipócrita como la nuestra, una mujer que nace en el cuerpo de un hombre, o viceversa, no lo tiene muy sencillo"

Por Luis Fernández

"No le pido a nadie que me comprenda, pero no le permito a nadie que me irrespete". Esdras Parra

Hace unos años, en mi programa de radio, tuve la oportunidad de conocer de boca de sus protagonistas una situación muy particular, no por extraña, sino por la forma como es ignorada por el colectivo. Una condición que algunos especialistas llaman disforia de género, que caracteriza a una persona que ha nacido con un sexo biológico distinto a su sexo psicológico.

No se trata de un trastorno psíquico o de una aberración, ni siquiera es, como intentan trivializar los que necesitan etiquetar las cosas de acuerdo con sus limitadas percepciones, una homosexualidad llevada al máximo. Nada más lejos de la realidad. No es, me explicaban ellas, que hoy cuento orgulloso entre mis amigas, una cuestión de preferencia sexual, pues no es relevante aquí quien te atrae y de qué sexo, sino una cuestión de identidad: "Sencillamente una sabe que es mujer, y sabe también que nació en el cuerpo equivocado".

En países desarrollados y no tan embrutecidos por religiones dogmáticas, esta condición se ha comenzado a tratar desde muy temprana edad y les ha permitido a hombres y mujeres recibir exitosamente el tratamiento de reasignación de género amparados por la ciencia, la ley y la comprensión humana.

Pero en una sociedad tan hipócrita como la nuestra, una mujer que nace en el cuerpo de un hombre, o viceversa, no lo tiene muy sencillo. En primer lugar, y esta pareciera ser la parte más ardua, la persona desde muy temprano en su infancia tiene ante sí la difícil tarea de comprender lo que le pasa, en un mundo donde pocos pueden darle claves para resolver su dilema. Imagine usted, que en este momento es posible que esté negando con la cabeza horrorizada mientras se retoca las mechas, que por una de esas cosas que no tienen explicación, usted, tan linda y femenina, tan mujer en todo el sentido de la palabra y del sufrimiento, estuviera atrapada en el cuerpo de un hombre. No se sentiría nada cómoda, ¿verdad? Su angustia, señora, ahora que tiene un pene, no se mitigaría con buscarse un novio y tener sexo. Usted no sería un hombre homosexual, usted es y seguirá siendo una mujer, tenga el cuerpo que tenga.¿Entiende usted un poco mejor la situación? ¿Dejó ya de sentirse horrorizada? Sería maravilloso que así fuera.

Imagínese ahora esa angustia siendo un niño de cuatro o cinco años. Más aún, imagínese que se trata de su hijo. Y no me vuelva a negar con la cabeza, "que esto le puede pasar a cualquiera", me explicaba entonces una señora que presidía la asociación de madres de mujeres transexuales de Caricuao en su visita a mi programa.

Esta es la segunda dificultad, explicarlo al mundo. Cómo se sentiría, vuelvo a preguntarle, si no pudiera ser usted comprendida por sus padres, por su familia, por el mundo. Nada fácil. Y peor todavía, cómo se sentiría si no tuviera usted nadie que le asegurara los derechos humanos que cualquiera da por sentado. Ni siquiera el derecho de llamarse Rumi o Tamara, pues la ley no le permite SER.

Ese horror tonto que puede sentir el ignorante se trueca de inmediato en la negativa criminal de los derechos de una persona, que como bien dijo Esdras Parra, poetisa y escritora venezolana, que además de todo lo que era, era también una mujer transexual, puede que usted no comprenda, pero que merece nuestro respeto absoluto.

En la obra teatral "Al pie del Támesis", usted puede ver, además de las magníficas actuaciones de Carlota Sosa e Iván Tamayo, bajo la dirección de Héctor Manrique, un poco más de esta realidad inspirada en Esdras y en todas las mujeres como ella, que le aseguro, señora, con todo mi respeto, apartando alguno que otro detalle, son tan mujeres como usted.

Revista EME, El Nacional, 04 de septiembre de 2008

 

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