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Cultura
ingenua
Por Luis Lozada Soucre
Todo régimen totalitario tiene una visión
sectaria y prejuiciosa del quehacer cultural. El carácter
hegemónico de su pensamiento lo induce a imponer a cal y
canto una cultura oficial, cuyos contenidos, significados
y trascendencia varían, según convengan a los grados de
nacionalismo radical que determinen sus objetivos y al
tenor de la transculturización contaminante que pretendan
exterminar.
El realismo social, con todos sus ismos contenidos, como
el naturalismo, el criollismo y el folklorismo, tiende a
ser la bandera ideológica y creativa de todos los sistemas
de gobiernos de izquierda extremista, opresores del libre
pensamiento y de la pluralidad intelectual. La extinta
Unión Soviética y la Cuba sobreviviente son ejemplos
palpables de esta orientación e imposición culturales,
refrendadas desde los cenáculos gobernantes con valencias
comunistas.
Más allá de los estruendosos fracasos que tal política
cultural coercitiva ha significado para sus pueblos
sojuzgados, no es objeto de estas reflexiones abundar en
ellos, sino sentar sus precedentes para poder entender la
realidad del hecho cultural venezolano en estos tiempos de
decadente revolución y anacrónico socialismo. Enfrentar la
ingenuidad y comprender, por ejemplo, las previsibles
razones para el más reciente de sus arrebatos subsidiarios
en contra del Ballet Contemporáneo de Caracas, pese a su
dócil actitud y performances de los últimos años.
La sustitución de valores culturales se impone con el
mismo modus operandi: hacer tabla rasa de todo lo que les
huela a contra revolucionario, para reconstruir sobre sus
hedores una visión panfletaria y propagandística de país y
ciudadanos nuevos. Y dentro de este contexto, ¿a quién le
importa Bizet? La purga es de vieja data. Comenzó en los
albores del régimen, con el despido revanchista de Sofía
Imber del museo que creó y al que le entregó gran parte de
su vida, hasta convertirlo en ícono de excelencia
museística. Saltando significativos ejemplos de exterminio
en todas las disciplinas y cerrando sus antecedentes
depredadores, con la procaz metamorfosis del Teresa
Carreño en foro proselitista exclusivo del partido de
gobierno, la barbarie socialista ha expoliado también al
Ateneo de Caracas, una institución que por el solo aval de
organizar los festivales internacionales de teatro se
granjeó fama mundial.
Queda en pie el magistral proyecto orquestal de José
Antonio Abreu, gestado y parido en la cuarta república y
del que el régimen ha sabido aprovecharse como telón de
prestigio ante la comunidad internacional. Del resto es
poco lo que les interesa y mucho lo que la ingenua y en
muchos casos acomodaticia intelectualidad criolla deberá
sacrificar, luchar y aprender de sus errores y sus
silencios
Tal Cual, 14
de
octubre
de 2009
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