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De Interés
Por Milagros Socorro
Al día de hoy o de anteayer, cuando
escribo se han descubierto 4.000 contenedores, con 95.000
toneladas, de Productos No Conformes, esto es,
considerados por la Productora y Distribuidora Venezolana
de Alimentos (Pdval) no aptos para el consumo humano. Se
tiene noticia también de que, desde 2007, cuando
comenzaron las compras desaforadas de comida en el
extranjero, muchas toneladas (imposible precisar el
número) fueron incineradas.
Esto ocurrió porque, en medio de la gran improvisación,
hubo desembarcos que no cupieron en las instalaciones de
los puertos y fueron llevados a otros lugares.
Hablamos de carne, pollo, leche, aceite, soya, azúcar,
arroz, harina de trigo, que se perdió en una maraña de
corrupción, personalismo, falta de planificación,
indolencia frente a los recursos de la República,
alcahuetería, latrocinio y autoritarismo. El retrato más
cabal del régimen.
La cronología de los hechos la conocemos por el informe
elaborado en Pdval, que llegó a manos de Teodoro Petkoff,
director de Tal Cual. En 2007, cuando las políticas
económicas y la persecución a los productores venezolanos
estaban resultando en mengua de la cesta básica, el
Gobierno determinó que esta consecuencia, advertida hasta
el cansancio por los empresarios, era una "acción
desestabilizadora"; y entonces creó Pdval, para importar
millones de toneladas métricas de comida para que no se le
encrespara la población. La triquiñuela política sustituía
toda previsión, toda responsabilidad.
Se compró mucho más de lo que era posible distribuir. Ante
la manifiesta incapacidad del Estado de sacar todos esos
alimentos de los puertos, los gerentes a cargo se negaron
a contratar empresas privadas.
Prefirieron que los productos comprados para ventaja de
otras economías, se perdieran, antes que dar trabajo a
venezolanos.
Las mafias oficialistas se valieron del sistema cambiario
para adquirir alimentos con dólar preferencial (2,30
bolívares) y luego comercializar las ganancias a 8
bolívares por dólar; o comprar alimentos vencidos y
reportarlos con el valor de los frescos. Una vez en el
país, la cosecha de la corrupción se hace en los puertos,
donde se reparten coimas por el tiempo que los
contenedores permanezcan allí. Y otros se pegaron al
negocio vendiendo subrepticiamente a comerciantes.
Pero no toda esa comida está ahí supurando, parte hubo que
se destinó a escolares. La Voz de Guarenas reportó, este
jueves, que las madres procesadoras del programa Programa
de Alimentación Escolar en la escuela Bolivariana, en
Santa Lucía, donde estudian 805 niños, devolvieron a
Mercal, "harina precocida con gusanos, huevos pasados,
hortalizas y frutas podridas, queso ácido y otros
productos con cucarachas y excrementos de ratones".
Esto corresponde con reportes de Últimas Noticias donde se
reseña que "algunos productos" que el Gobierno
revolucionario ha dejado podrir "presentaron infestación
por gorgojos e insectos de tipo invasivo. En otros, se
evidenció cucarachas, excrementos de roedores y un foco de
orina de rata en el azúcar".
La revolución bolivariana convirtió en porquería productos
de primera necesidad, que los venezolanos hacen colas para
comprar. Misma transmutación sufrió la cacareada ética
socialista, triturada y sin nadie que la reivindique. Sin
ética, la revolución no es más que un fraude, tapadera
para ladrones colosales, enriquecidos a costa del hambre
de la gente.
Mientras, somos sometidos a horas de cadenas, no para
rendir cuentas a la nación o para aceptar la
responsabilidad.
Sino para hablar... bueno, ya está dicho.
El Nacional,
20
de junio de 2010
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