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De Interés
ENTREVISTA: ALMUERZO CON...
NATALIA MILLÁN
"El actor debe controlar bien
su narcisismo"
Por Jesús Ruiz Mantilla
Mientras enreda con unos rollitos
medio alucinógenos, Natalia Millán le da vueltas a la
noria de su carrera. Está a punto de cerrar temporada
con Chicago, el musical de Bob Fosse en el que ha
dado vida a la atractiva Velma Kelly. Pero ya teme un
salto que acaba de emprender y en el que se ha metido a
conciencia para ensayar: Cinco horas con Mario.
En el teatro.

Evita naufragar en la ensalada de
algas. Come poco y duerme mucho. Salir día a día a cantar,
bailar e interpretar esa pieza de relojería que es
Chicago en el teatro Coliseum de Madrid requiere
descanso, fortaleza física y energía; las que despliega
esta prima donna del género musical en España
después de la historia de cárceles, ambición y pleitos y
su otro paso por Cabaret, también de Fosse. "Él
tuvo la culpa de todo. Si me dedico a esto es después de
haber visto All that jazz, me fascina, aunque él
era un suplicio con las mujeres", asegura Millán.
Lo cuenta en la
terraza de un restaurante oriental, hablando de todo y
esperando especialmente el postre: unos buñuelos de
calabaza que ella y su hija adoran. No sabe a quién
invitaría a comer de los personajes que comparten música y
provocación en la obra. Cada cual es peor persona. Más
ambicioso, más rastrero, más exhibicionista. ¿Es necesario
tanto escarnio a las bravas? "Yo soy tímida. La verdad es
que no entiendo esa obsesión por la fama", comenta. Lo
cierto es que Chicago enseña buena parte de las
ver-güenzas contemporáneas sobre el ansia de protagonismo
a cualquier precio, sus protagonistas pueden ser Belenes
Esteban de la vida pero bailando bien. Ella teme el
narcisismo. "Quizás debes tenerlo al principio, para
escoger entrar en esta profesión, pero debes controlarlo
bien".
Sus comienzos
fueron lentos. De hacer los coros a Luis Eduardo Aute al
teatro clásico había solo que cruzar la acera y meterse
también en cosas como El cementerio de automóviles,
de Fernando Arrabal. Los musicales llegaron para ella en
los noventa, cuando el género no cuajaba mientras algunos
creían en ello haciendo My fair lady, Jesucristo
Superstar, Mata Hari o La reina del Nilo.
"Nunca hubo escuela aquí, pero ya se hacen las cosas bien.
Si me arrepiento de algo es de no haberme ido fuera a
estudiar a fondo el género". Después llegó la televisión,
con papeles en Policías y ahora en El internado.
Chica para todo.
Ahora ha decidido
jugársela con la obra basada en la novela de Miguel
Delibes. Más cuando en la memoria del amante del teatro
todavía reina Lola Herrera en ese papel. Su miedo, su
responsabilidad, se refleja en lo reacia que se muestra a
probar los tallarines. Al menos lo hace, no como el dim
sum, del que ha decidido pasar. "Cuando acepté, llamé
a Lola y le pregunté: ¿Me da usted la venia? Si en este
caso, la sombra del ciprés es alargada, no me importa",
salta Millán. Es cosa difícil el personaje de esa mujer
desgarrada en pleno franquismo. "Empatizas más con Mario,
pero yo debo defenderla a ella".
Mientras, trata de
disfrutar del campo, de su hija - "ser madre es un
privilegio, renunciar a ello, creo que es un error"-, de
momentos de soledad, "pocos y elegidos". Busca
tranquilidad: "Voy estando en paz". Y sonríe cuando entran
los buñuelos. Los parte en dos y no duda. Está claro que
prefiere lo dulce a lo agridulce.
Dong-Feng.
Madrid
- Dim sum:
4,95 euros.
- Rollitos
cuatro colores: 5,95.
- Ensalada de
algas: 6,35.
- Tallarines
con gambas: 7,50.
- Buñuelos de
calabaza: 4,90.
- Agua,
cervezas y café: 8,20.
Total con
IVA: 40,5 euros.
El País, España, 8
de julio de 2010
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