ENTREVISTA: PETER SELLARS
Director de escena
"Está volviendo el
fascismo"
El escenógrafo
estadounidense estrena en el Teatro Real 'Iolanta /
Perséphone', la unión de dos obras de Chaikovski y
Stravinski dirigida en el foso por el griego Teodor
Currentzis y en las que trasluce una crítica poética al
mundo actual
Por Daniel Verdú
Peter Sellars (Pittsburgh,
1957), inventor de gran parte de lo que se ha imitado en
los últimos años sobre los escenarios, el primero en
atreverse a una irreverencia como trasladar Don
Giovanni a Harlem o Las bodas de Fígaro a un
apartamento de Manhattan, está exultante cuando conoce a
su entrevistador. "Muy feliz", recalca, aunque jamás
hubiera oído su nombre antes. Le abraza y le estrecha
bien fuerte. Pero no solo al periodista, también al
fotógrafo, al regidor del Teatro Real, al técnico de
luces y a la responsable de prensa... todo en él es luz
y felicidad a tres días del estreno de su Iolanta/Perséphone
en Madrid (el sábado). Un montaje que fusiona dos obras
de Chaikovski y Stravinski, comandado en el foso por el
griego Teodor Currentzis. "Es un proyecto enorme, de lo
más ambicioso en lo que me he embarcado. Es una locura,
porque involucra muchos mundos, y un descubrimiento para
todos", relata sentado en el patio de butacas mientras
el espectacular baile cromático del decorado muta de
color.

El
director de escena estadounidense Peter Sellars, ante el
decorado de Iolanta / Perséphone en el Teatro
Real.
Menudo, enérgico
e incondicional a su peinado de genio chiflado y a tres
grandes collares colgados del cuello, era cuestión de
tiempo que aterrizara en Madrid, donde vuelve a final de
temporada con la Ainadamar de Osvaldo Golijov. Su
relación con el director artístico del coliseo
madrileño, Gerard Mortier, es una devoción mutua desde
que se embarcaron juntos en el San Francisco de Asís
de Olivier Messiaen en el periodo al frente del festival
de Salzburgo del belga. Pero todo en Sellars rezuma hoy
una crítica política. Está enfadado con lo que sucede en
su país y con el colapso del sistema financiero. Con
todo el maldito embuste que supone, protesta. Un fraude
como al que somete el rey Renato a su pueblo en la obra
de Chaikovski: su hija Iolanta es ciega, pero para
ocultarle su discapacidad el monarca prohíbe hablar de
belleza, verdad o luz. "Y todo el mundo interioriza ese
sentido de la vergüenza, de asumir toda la culpa. Como
en esta crisis. El sistema es la gran mentira, pero nos
dicen que recortemos en las escuelas, hospitales... como
si nosotros fuéramos el fracaso. Es una ópera muy
radical, es el comienzo del simbolismo en Rusia, del
arte moderno, de la búsqueda de luz...". Escrita 11
meses antes de que Chaikovski se suicidase, solo Mahler
tuvo la visión en ese momento de calificarla de "obra
maestra" y dirigirla en Hamburgo. Su autor seguía tan
afectado por el fracaso que no quiso acudir al estreno.
Pero, ¿qué tiene
en común con la Perséphone de Stravinski para
osar ensamblarlas? "Conecta porque va más allá del
teatro de ópera, es un ritual. Una ceremonia. Es lo que
la siguiente generación anduvo buscando luego. Cuando
los primeros antropólogos regresaron de Siberia y África
a Berlín o San Petersburgo dijeron que habían visto
poemas de fuego, canciones de la tierra, ¡la
consagración de la primavera...! Todo eso creó el
modernismo en Europa. Todos los compositores buscaron
algo más primitivo, más cercano a la esencia de la
vida". Las dos obras, además, poseen cuartetos de
cuerda, resalta, y se adentran en una exploración de la
música de cámara, "la manera de poder hablar de una
belleza tan íntima". El autor de La consagración de
la primavera, siempre tan rácano en elogios, nunca
ocultó su admiración por Chaikovski y el impacto que le
produjeron sus obras.
Pero la
Perséphone de Stravinski y André Gide ("el ruso
blanco y el intelectual europeo que apoyaba a la URSS")
funciona como un cuadro cubista combinando música,
danza, poesía y artes visuales sin que predomine "de
forma imperialista" ninguna. "Empezaron a escribir en el
33 y el fascismo ya estaba muy presente en Europa. Los
autores van en busca de un mito fundacional sobre algo
que pueda mantener a la sociedad unida. Así que llegan
hasta los orígenes de las ceremonias de ritual griegas.
Y descienden al infierno, porque es donde se encontraba
el mundo entonces. Como ahora", señala. En la versión de
Sellars, Perséphone baja voluntariamente a los
avernos por un sentimiento de solidaridad con los
desfavorecidos. "Es interesante tener esta pieza ahora,
con la gente en la calle protestando, con el fascismo
volviendo, sin ninguna disculpa o disimulo. Es
impactante".
Así que, claro,
Sellars no concibe otra ópera que no sea política. Y
menos ahora. "Tu responsabilidad debe ser algo más que
decorativa, la intensidad moral es una obligación. Y eso
es lo que hacemos: un ritual antropológico donde suceden
cosas indescriptibles con palabras".
Otra cosa es lo
que piense el público. Lo que esté dispuesto a aguantar,
a pensar. Pero Sellars, acostumbrado a la controversia,
no guarda ni un gramo de rencor hacia la reacción del
patio de butacas. "Nunca culpo al público. No puedes
saber quién hay ahí ni lo que va por dentro del ser
humano. Lo que la gente piensa cambia con el tiempo.
Nunca juzgo cómo responden: el arte es complejo y el ser
humano también. No pregunto qué piensan esa noche, solo
me interesa dos semanas después. El tiempo otorga una
reacción más profunda. Pero a veces ni siquiera el
público sabe lo que piensa. Es la belleza de la ópera:
está fuera de control".
Su paciencia, en
cambio, se reduce a cero cuando habla de recortes y de
quienes dirigen las instituciones. "El dinero se tiene
que usar para algo visionario. Y ahora atravesamos una
pesadilla de tecnócratas sin visión. Las decisiones son
erróneas. Nadie mira profundamente al futuro, quieren
sobrevivir día a día: eso es lo que hacen los gatos y
los perros, no los humanos. La reducción a lo práctico
de todo ha eliminado el futuro. Lo que está pasando en
mi país en esta campaña política ¡es tan bajo! ¿pero
quién son esa gente? El arte refleja esa realidad
basura, embarazosa y grotesca en la que América se está
destruyendo a sí misma. Esto no acabará bien, es un
tiempo muy doloroso. Por eso pienso que el arte tiene
que buscar un equilibrio y una perspectiva".
Apasionado de la
generación que entra, a la que da clase en California y
que asegura que está haciendo la revolución en la calle
y en Internet, no parece muy interesado en lo que
producen quienes todavía controlan el mundo del arte.
"Está lleno de cosas sin calidad que se desmoronan diez
minutos después. Pero la cultura siempre ha sido un
espejo, y a menudo refleja la peor parte de la sociedad.
En la historia del arte solo el 10% de las cosas es
especial, la base del futuro, fuera de lo mediocre". ¿Y
el resto? "Bueno... simplemente es el otro 90%".
'Enfant
terrible'
- La
trilogía de Mozart (Don Giovanni,
Cosi fan tutte y Las bodas de Fígaro)
fue uno de los grandes éxitos de su carrera.
- La
versión de San Francisco de Asís para el
festival de Salzburgo inauguró una estrecha
colaboración con Gerard Mortier.
- Su
propuesta sobre El gran Macabro, de Ligeti,
le enfrentó al compositor. Pero fue aclamada por
el público.
- Su
primera película fue El gabinete del Dr.
Ramirez, muda y protagonizada por Joan Cusack,
Peter Gallagher, Ron Vawter y Mikhail Baryshnikov.