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De Interés
"Vivimos en un país
sin Constitución"
Rafael Cadenas anhela que los ciudadanos tomen la
palabra y el derecho a interrumpir el soliloquio del
déspota
Por
Elizabeth Araujo
Invitado de honor al diálogo de Casa
de América, en el marco de la Feria del Libro de Madrid
que se llevó a cabo la semana pasada, donde leyó algunos
de sus poemas y disertó sobre los destinos de la poesía,
Rafael Cadenas accedió por breves instantes antes de
partir a una entrevista, lo cual no es muy frecuente que
conceda.
Ocurrió en Caracas, días antes de su viaje durante un mes
a España.
Su discreción, que no está hecha para los halagos y se
resiste a los desatinos del periodismo que desea
respuestas "para ya", cedió sin embargo a una angustia:
Rafael Cadenas está preocupado por Venezuela.
Antiguo militante de la izquierda en los sesenta y, mucho
antes, activista comprometido en la clandestina lucha para
derrocar la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el poeta se
asoma al país con lucidez y su mirada de ciudadano se
detiene ante el impacto brutal que dimana un gobernante
que "pretende llevarnos indefectiblemente al siglo
pasado".
"Te resumo mi parecer: Venezuela en este momento es un
país sin Constitución, puesto que una persona está por
encima de ella. El país está a merced de un déspota,
palabra que en griego significa dueño, y millones de mis
distraídos paisanos han aceptado como tal a quien está en
la presidencia", explica, asimilando con cierta
impaciencia las noticias del día.
¿Cómo ha ocurrido en usted ese proceso de sacudimiento de
las influencias estrictamente políticas e ideológicas para
llegar a decantar su poesía?
Una palabra importante
resume este proceso: desengaño, al que en un poema llamo
diamante, porque es lo que nos quita la venda de los ojos.
Los regímenes comunistas fueron un fraude colosal, aunque
todavía se pretende por aquí repetir ese experimento. Como
si no hubiera existido el siglo XX con todos los horrores
del totalitarismo estalinista. El fracaso del marxismo
tuvo un efecto despertador en millones que creyeron en esa
religión. A mí me alejó de toda ideología.
De ahí mi desacuerdo con lo que este régimen se propone
llevar a cabo.
¿Fue así como erigió su propia revolución poética?
Lo de
"revolución poética" es demasiado. Yo no he inventado
nada. La novedad debe escrutarse. Además en otro terreno,
el de la política, prefiero la evolución, que los cambios
vayan dándose mediante reformas, sin esas violencias que
traen tantos sufrimientos para sus víctimas y a veces para
quienes, obedeciendo, los causan. Porque el que hiere se
hiere, aunque la revolución justifique todo.
Esta palabra, por cierto, nunca se la oí, en el período
democrático, a muchos poetas y escritores que apoyan este
gobierno.
¿Qué papel puede jugar el ser humano ante esta realidad
que estamos viviendo?
Uno nunca ha visto un ego, pero sí
puede percibir sus efectos. Es un peligro cuando el ser
humano, por su identificación con él, no puede
objetivarlo. La desmesura del ego causa estragos donde
aparezca. Puede ser en la actividad pública, en el
trabajo, en el hogar. Lidiar con eso es asunto individual.
Muchas dificultades en la oposición tienen que ver con ese
demonio. Yo creo por ejemplo, que aquí la viveza criolla
está en el poder; esa sería otra de sus manifestaciones,
muy ordinaria, ciertamente, pues algunas son más sutiles.
La veracidad, la sencillez, la sinceridad son buenos
antídotos. Pero cuando a alguien se le suben los humos es
muy difícil que se observe. La humildad, que sería otra
respuesta, escasea mucho.
Usted reclama con frecuencia en su poesía que el ser
humano aprenda a no pedir ni esperar nada de la vida y no
buscar ser alguien.
¿Es eso una concepción que apela a la intimidad del ser y
la destrucción del ego?
Siempre somos alguien, un ente,
un animal humano. El intento de destruir el ego sería una
acción de éste y más bien lo fortalecería, pero todos
tenemos la capacidad de verlo, de vernos interiormente, de
ver nuestras reacciones que proceden de nuestro
condicionamiento, aunque ella no se ejerce mucho. Los más
se identifican con sus reacciones. Ese ver no es juzgador,
sino observante.
Hay un yo muy protagónico y evidente en ciertos poemas
como Derrota, Hotel, Rutina, Maniobras , entre otros
Claro, hay muchos poemas escritos desde la primera
persona. A partir sobre todo de Gestiones he procurado
usar el tú, al que se dirige el que ve, suerte de otra
instancia de la mente, también las otras personas y
motivos que ofrece el vivir. En éste incluyo las lecturas
como parte suya.
¿Cómo es el yo, en Rafael Cadenas, en su poesía, en sus
ensayos?
Es el mismo, la diferencia la determina en cada
caso, el género. Lo que se dice en un ensayo no puede
pasar en la misma forma a la poesía, pero existe unidad
entre ambos modos de expresión.
¿Cuándo surge el poeta? ¿Hubo un Rafael Cadenas que se
quedó oculto, amasando sueños de ser novelista o médico o
ingeniero de caminos?
No tengo fantasías duraderas.
Sin saber por qué, comencé a estudiar derecho, pero al
terminar el primer año me pasé a Filosofía y Letras,
carreras que no se habían separado.
Tampoco pude seguir porque ocurrió la huelga universitaria
contra la penúltima dictadura militar esta es una
redundancia; estuve preso en la Cárcel Modelo y me
expulsaron del país. Las dictaduras siempre arremeten
contra las universidades libres porque son el baluarte más
fuerte de la conciencia del país. En este momento, están
de nuevo amenazadas por un gobierno que frente a ellas,
como dije hace poco, refiriéndome a la más antigua, es un
menor de edad, y además malcriado, con rasgos de barbarie,
que no voy a mencionar porque están muy a la vista. Lo más
lamentable es que son universitarios que están prestos
para ejecutar cuanto se les ordene.
En el caso actual considera que el Presidente ha abusado
de sus funciones?
Yo recuerdo que en la escuela primaria,
a veces había un muchacho que casiqueaba a los demás,
hasta que aparecía un "nuevo" o varios "nuevos" y lo
paraba en seco.
Eso suele ocurrir en política cuando alguien abusa del
poder que se le ha concedido. Hay un trágico equivoco: el
presidente de una nación es un empleado público al
servicio de todos, que debe ser reemplazado si no cumple
con ese mandato y se extralimite. En tal caso, los
ciudadanos tienen la palabra y el derecho a interrumpir su
soliloquio.
Tal Cual, 13
de junio de 2010
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