De Interés

 

Rafael Romero lidia con siete hombres en escabeche

La pieza teatral de Ana Istarú se estrena hoy en el Luisela Díaz

Por Simón Villamizar

 

 

"Escabeche: adobo en que se tiene en maceración carne o pescado. Pescado puesto en escabeche. Fruto en vinagre, encurtido". Son algunas de las acepciones que registra el diccionario.

Pero en la pieza teatral de la poeta costarricense Ana Istarú, Hombres en escabeche, dice el actor Rafael Romero, se refiere mas bien a un grupo de hombres que termina como picadillo en manos de una mujer (interpretada por Gledys Ibarra) no muy afortunada con las figura masculinas. Primero con el padre. Luego con el hermano. Después con el amigo. Y más tarde los pretendientes, novios y hasta posibles candidatos a compañeros de vida.

Y todos, absolutamente todos, los personajes masculinos son interpretados por el actor Rafael Romero, curtido en el mundo de las telenovelas y ahora ducho sobre las tablas.

"Son siete personajes distintos", advierte Romero, quien confiesa que cuando leyó el guión no pensó en cuánto le iba a exigir cada uno como actor. "Sobre todo porque son personajes que van entrando y saliendo de la vida de esta mujer y, por lo tanto, de la obra. El único que se queda allí, como una presencia constante, es el padre", advierte el actor, quien piensa que es entonces cuando cobra sentido el nombre con el cual Ana Istarú bautizó su pieza: Hombres en escabeche, que se escenifica a partir de hoy en el Caracas Theater Club.

"El asunto es que esta mujer se va desencantando poco a poco de los hombres que van pasando por su vida. Llega un momento en que cada uno se convierte en un gran aburrimiento. Así que ella los termina convirtiendo en picadillo... o por lo menos hasta que se consigue al hombre que le da la talla. Pero creo que al final lo que está buscando es la aceptación de la figura materna".

No fue nada sencillo, a decir verdad, confiesa Romero, por el hecho de que la dirección de actores recayó sobre los hombros del cineasta Luis Alberto Lamata. "Hay directores que no se quedan conformes con lo que les das de buenas a primera. Es decir: si llegaste a un grado dos, quieren que les des cuatro. Y Luis Alberto quería que los siete personajes se diferenciaran muy bien... así que imáginate todo lo que pidió".

Pero que nadie se equivoque: Rafael Romero mas bien lo agradece. "A mi edad ya no estoy para tomarme las cosas de manera tan sencilla. Creo que ya no me conformo con obras que sean un tránsito, sino con obras que en verdad te confronten. Así que prefiero que alguien te exija todo lo que puedes dar. Y creo que hasta terminé como la mujer a la que alude la obra: al final terminé volviéndome más y más exigente", reconoce el actor.
 

El Universal, 11 de junio de 2010

 

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