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Asociaciones verbales
Por Silvio Orta Cabrera
DESDE CUMANÁ.- Frente a la
palabra “cavilar”, algo fonético y gráfico lleva a
“cabeza” e “hilar”. “Hilar en la cabeza”. La Academia
debería incorporar tal acepción, pues dice bien que
primero se trata de reducir a finos hilos el enredo
universal. Luego, se entreteje.
Teje quien cavila. Asocia los hilos de diversos ovillos,
digamos los de la fisica cuántica, la biología molecular
y la bioquímica, o los de la postmodernidad, la
alteridad y la corriente feminista. Si mirara a quien
cavila, Machado escribiría: “Cavilante, no hay pabilo,/
se hace pabilo al pensar”. O, lo que es igual, se hace
la luz – Simón Rodríguez lo sabía.
“Cavilar, cavilar, cavilar”… dicho así, al ritmo del
“Cabalgar, cabalgar, cabalgar” de aquella plegaria
insomne, el “Canto de amor y muerte del corneta
Cristóbal Rilke”, ¿no remite acaso a “cavar”, a horadar
a lo hondo y a lo amargo que decía Andrés Eloy? ¿No
caben los….
Excúseme, amable lector: Pensé escribir acerca del
suceso que hoy conmueve nuestra vida cultural y con ello
me vino la palabra “cavilar”. Veo ahora que pasó a
servirme de paliativo al asco ante las escrófulas
proferidas por el señor del “ministerio de cultura y
cría” (Leonardo Azparren dixit) que para negar
financiamiento a seis grupos teatrales los acusó de
“conductas perniciosas” y desapego “a la política
cultural del Ministerio”. Es lo que Juan Gené percibe
como "fórmulas que Goebbels envidiaría”, a diferencia de
los insensible manipuladores de redes culturosas y otros
que embotados andan.
Gené, exiliado aquí por los milicos sureños, fue de los
fundadores del Grupo Actoral 80, hoy rotulado en rojo
como “pernicioso”. En su criterio, “ninguna supuesta
revolución que se presuma reivindicatoria de intereses
populares, tiene derecho a perseguir el disenso de esa
manera…”. Por su parte, Teodoro Petkoff advierte que no
estamos en la URSS o en la España franquista, pero
expresa que el espíritu de esta atrocidad emparenta con
el que inspiró a Stalin y movió la represión fidelista,
sobre todo en los 70, contra la intelectualidad cubana.
En verdad cavilé y cavilo. No por causa del acto
repetido de una autocracia disparada y disparando contra
la cultura, sino por la captación de que este atropello
implica la violación por el Socialismo del Siglo XXI de
una frontera cultural significativa. Tal hecho completa
las condiciones que nos obligan a ponernos de pie para
aplaudir largamente a los intelectuales, artistas y
profesionales, cuya muy honesta mudez debe provenir del
tanto vivar por dentro, desde su rojo sarcófago de
sueños, al dirigente cultural endógeno, el más alto
entre sus pares. Clamemos gloria a tan soberbios
revolucionarios, a tan elevados humanistas en la
crepuscular hora del fracaso.
En fin, sigamos asociando la palabra “cavilar”. Ojalá y
alcance a los jóvenes udistas que este sábado abren en
Cumaná la X Jornada Teatral Internúcleos. A ellos
conviene saber, antes que los años amellen sus
ilusiones, que “cavilar” proviene del latín “cavillare”…
El Tiempo,
9 de
octubre de 2009
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