Actores se montan en las tablas
por pasión artística
El teatro capitalino vive en
"resistencia"
A pesar de no recibir subsidio, los
colectivos se mantienen presentando estrenos y
promoviendo talleres de formación Según Héctor
Manrique, actor y director del GA 80, la falta de
dinero los ha llevado a hacer un teatro minimalista
Por Erick Barráez
Las tablas venezolanas, o al menos de un sector
representativo de ellas, sobreviven en la intemperie
de un sector abandonado por falta de políticas
culturales adecuadas. Más de dos años han
transcurrido desde que el Estado dejó de subsidiar a
23 agrupaciones teatrales por poseer "conductas
públicas perniciosas" que afectaban psicológica y
emocionalmente a la población. Hoy se mantienen con
sus propios medios afrontando las desdichas de un
sector artístico que no vive su mejor momento.
A pesar del tiempo, algunas asociaciones culturales
han podido superar las trabas económicas y han
logrado montar en las tablas obras de distinta
índole. Para Héctor Manrique, director del GA 80, el
teatro venezolano se encuentra una etapa de
resistencia.
"No quisiera tener una mirada miope ni egoísta sobre
lo que está pasando. El teatro venezolano está
resistiendo. La necesidad de seguir trabajando
continúa en nosotros. La creación es un acto de
voluntad y nosotros hemos tenido la misma voluntad
de seguir montando piezas", señaló el director y
actor de teatro.
La crisis los ha obligado a suspender la cancelación
monetaria de los meses de ensayo por no tener de un
presupuesto del que sí disponían para la época.
Asimismo, el pago de los actores depende
primordialmente del éxito que tengan en taquilla,
aporte que siempre es un "misterio" para el artista
de teatro.
La contribución económica les permitía llegar a un
mayor número de personas e incluso se podían cubrir
los gastos de presentaciones en el interior del
país. "En este momento para nosotros es imposible
hacerlo. Creo que en definitiva quien más ha perdido
es el pueblo", añadió Manrique.
La falta de dinero, explicó el director, los está
obligando a hacer un teatro minimalista. No se
pueden presentar espectáculos ambiciosos, con tantos
artistas en escena y vestuarios suntuosos o de
época.
APOYO DEL SECTOR PRIVADO La Asociación Cultural
Skena ha corrido con mejor suerte debido al apoyo de
la empresa privada. Actualmente poseen el respaldo
de algunos patrocinantes, lo que les ha permitido
sustentar seis talleres de formación, con 50 alumnos
cada uno, así como los montajes profesionales.
"Nuestros espectáculos están siendo reconocidos en
la taquilla por un público que los apoya a pesar de
que no sean espectáculos comerciales", explicó el
actor y director de Skena, Basilio Álvarez. Tal es
el caso de La ola, producción que lleva cinco meses
con funciones agotadas y que se ha paseado por todos
los horarios del Trasnocho.
La independencia económica les ha permitido tener
mayor libertad creativa a la hora de escoger y
presentar una obra. Temas de índole social y con
fuertes paralelismos referentes al sistema político
actual se han podido llevar a cabo en algunas salas.
Esa misma libertad es la que ha promulgado en
distintas ocasiones Orlando Ochoa, director del
grupo Contrajuego, quién ha señalado que el teatro
debe conmover, perturbar y ser crítico a intentos de
censura.
Sin embargo, Álvarez aseguró que el hecho de tener
recursos propios, "no le quita la responsabilidad
que el Estado debería asumir sobre el apoyo de
actividades artísticas como el teatro, donde no
vemos ninguna política cultural".
SIN RESPUESTAS Una veintena de grupos de teatro
permanecen en incertidumbre por el desconocimiento
referente a la política cultural en cuanto a
subsidios. Si bien Skena y el GA 80 perdieron las
esperanzas de recibir apoyo gubernamental, existen
otros colectivos que permanecen en constante
incertidumbre.
Los directivos de La Compañía Nacional de Teatro no
estuvieron disponibles para aportar declaraciones o
cifras referentes al trabajo realizado por el ente,
al menos hasta mediados de febrero. Muchas son las
dudas referentes a la política llevada a cabo en los
últimos años, el destino de los recursos y la falta
de respuestas verosímiles respecto al apoyo que
realizan a asociaciones teatrales.
Tampoco se pudo contactar a Miguel Issa, vicerrector
de la Universidad Nacional Experimental de las Artes
(Unearte), antigua sede del Ateneo de Caracas,
haciendo imposible el contraste de fuentes. El
repique del teléfono, una vez más, fue el común
denominador.