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El drama
de los machos solitarios
Por E. A. Moreno
Uribe

El histrión favorito de José Ignacio Cabrujas regresó 14
años después al escenario de la Sala Anna Julia Rojas para
exaltar la utilidad del amor en el fiero combate contra la
soledad por intermedio de sus piezas Todos los hombres
son mortales, dijo Simone de Beauvoir y ¡....Las
mujeres también! Pero Fausto Verdial ya no las dirige
ni las actúa -falleció el 19 de octubre de 1996, tras
haber nacido en Madrid el 11 de enero de 1933- y es ahora
gracias al director y actor Héctor Manrique (Madrid, 14 de
enero de 1963), que dichos espectáculos, producidos por
Carolina Rincón para el Grupo Actoral 80 y el Grupo
Teatral de Caracas, se exhiben en conjunto, pero en
horarios diferentes, con la participación de los actores
Juan Manuel Montesinos, Carlos Cruz, Héctor Manrique y
Héctor Palma; y las actrices Fabiola Colmenares, Beatriz
Valdés, Lourdes Valera y Marisa Román.
Verdial, quien tenía y no disfrazaba una sensibilidad
especial para la escritura, por lo que se destacó además
como libretista para la televisión, escribió otras dos
obras teatrales, Los hombros de América y ¡Qué
me llamen loca! y hasta se habla de una quinta que
estaría desaparecida. Pero en las comedias que ahora se
han repuesto hay que resaltar como el ausente logró
plasmar el melodrama, en clave cómica, de cuatro
generaciones de hombres y de mujeres en el día más crítico
de la semana: el domingo, precisamente cuando sus rutinas
existenciales giran en torno a las esperadas llamadas
telefónicas de las mujeres y los hombres de quienes están
enamorados o pretenden.
En Todos los hombres son mortales, dijo Simone de
Beauvoir hay tres hombres maduros ( 50, 40 y 30 años)
y uno más joven (sobre los 20), que comparten un
apartamento. Tres han estado casados y ahora o están
divorciados o separados legalmente. Uno de ellos está
enamorado de una mujer tan joven que él le dobla la edad.
Mientras que el otro es el eterno machista, que tiene una
novia desesperada por casarse. Un fin de semana ella no
aparece, lo cual le crea una sospecha que es verdadera, de
que ella lo dejó definitivamente por un hombre más
resuelto. El otro está separado de su esposa y se enteró
que, en una visita que le hizo para ver a sus hijos en
común, ella ha quedó embarazada, lo cual lo tiene muy
afectado, pues debe volver al hogar que dejó. El más joven
disfruta de una noviazgo sano y sueña con casarse en
cualquier momento.
Y... ¡Las mujeres también! es un drama similar al
de los hombres, donde cuatro mujeres exponen los mismos
conflictos y ambicionan ser felices. Una cincuentona que
sale con un muchacho menor que ella, otra es la supermujer
que se las sabe todas y se devora a cuanto hombre elige y
por otro lado está la separada que se dejó preñar de su ex
marido. La más joven del grupo se burla de lo que les pasa
a ellas e insiste en perseguir la felicidad en compañía de
su novio, conciente de lo que puede ocurrir.
Profundo conocer de las conductas humanas, el autor
Verdial exacerba las emociones y las necesidades afectivas
y lo demuestra con esos patéticos personajes que intentan
engañarse pero que al final caen rendidos y esperando que
durante la semana próxima tengan mejor suerte o la
situación les cambie dramáticamente, ya que la vida se les
terminará cualquier día porque son mortales, y quieren al
menos conocer y disfrutar la felicidad que deparan casi
siempre los amores. Como comedias son perfectas y tienen
mayor o menor impacto cuando los actores y las actrices
están inspirados o tienen las posibilidades de improvisar
o morcillear en función del contexto social actual o de
sucesos cotidianos recientes. No pueden jamarse tomarse en
serio las críticas situaciones que les toca encarnar,
porque el espectáculo se tornaría en tragicomedia
insoportable.
Para esta reposición de las obras de Verdial, el director
Manrique quitó la coletilla del título de la primera
pieza, dijo Simone de Beauvoir, no sabemos porque
razón, ya que el autor se la puso porque leyó la novela
Todos los hombres son mortales, de esa famosa filosofa
existencialista (Francia, 1908-1986), donde ella plasma,
entre otras cosas, su prédica sobre la imposible
inmortalidad humana mediante una saga, ambientada en el
año 1311, donde el príncipe de Carmona, Raymond Fosca,
lleva a cabo o realiza un ambicioso proyecto político y
resuelve, al mismo tiempo, sus problemas amorosos; pero
ésta es también la historia de una desilusión, porque a
través de sus viajes y de su participación en episodios
rocambolescos, se tiene que enfrentar al único enemigo
capaz de derrotar al hombre y a la humanidad: el tiempo,
lo cual además le recuerda la no perennidad del genero
humano. Y de ahí, Verdial tomó ese titulo para recordar
que el tiempo pasa y que los seres humanos envejecen y se
debilitan y se acercan más hacia la imparable muerte
biológica. ¡Nadie escapa de ese destino y es tonto
pretender evadirlo!
Hay que destacar que estos montajes se desarrollan en el
livingroom de un apartamento que comparten los cuatro
caballeros o en el salón de estar que utilizan cuatro
damas. Y donde -esto es clave y caprichoso- nadie utiliza
los modernos teléfonos celulares sino un clásico teléfono
fijo, aunque sea inalámbrico, lo cual puede parecer
anticuado pero ayuda a la tensión de las respectivas
situaciones.
Por supuesto que estos ocho personajes no son populares y
pertenecen a la golpeada y vituperada clase media
venezolana, esa cuya meta principal es tener una familia
formal y por lo menos una parejita de hijos, pero sus
problemas no son económicos solamente, sino también las
respectivas conductas, generadas a su vez por problemas
culturales. Todos están condenados de antemano y solo
medio se salvan los más jóvenes, por aquello de la falta
de experiencia o por la ignorancia. Aunque, nos atrevemos,
a sospechar que las mujeres tienen más fortaleza para
superar tan amargas situaciones y buena parte de su
sobrevivencia descansa en esa especial amistad que
desarrollan con su acosado género.
El montaje, que resulta placentero, obedece a las
didascalias originales del dramaturgo, aunque Manrique le
ha dado una mayor ritmo a las escenas y puso más énfasis
en la dirección de los actores. En el elenco femenino
falta una actriz de las características de Tania Sarabia,
aunque las cómicas ahí presentes hacen sus roles con
solvencia. Pero, sin lugar a dudas, el espectáculo más
conmovedor es el masculino, porque es el auténtico
melodrama de los solitarios o de los machos solitarios,
como lo canta Cabrujas en su obra Acto cultural,
pero ese es otro tema.
Martes 26 de febrero de 2008.
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