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De Interés
La revolución solitaria
"No tengo nada que explicarle a Zapatero, ni a
nadie en este planeta" Hugo Chávez.
Cadena de cuatro horas.
3 de marzo de 2010.
Por Tulio Hernandez
La mayoría de los procesos políticos
de la historia contemporánea que se autodenominaron
revoluciones socialistas la Revolución Cubana, el
proyecto de la Unidad Popular chilena, la Revolución
Sandinista tuvieron, entre otros, un rasgo común.
Fueron movimientos que, al menos en sus comienzos, antes
de mostrar su lado oscuro, tuvieron un gran apoyo de los
centros universitarios y del movimiento artístico e
intelectual "progresista" de sus respectivos países.
Pero también del extranjero.
Con el proyecto bolivariano no ha ocurrido lo mismo.
Más bien todo lo contrario.
Siendo este un movimiento que se fraguó en la oscuridad
de la conspiración cuartelaria, la llamada "revolución
bolivariana" no ha encontrado apoyo decisivo en el mundo
académico, en lo más relevante de la intelectualidad
venezolana y del exterior, ni en el grueso del
movimiento artístico.
En el mundo académico y universitario es más que obvio.
Desde que comenzó este proceso once años atrás, los
seguidores del proyecto de Hugo Chávez no han logrado
ganar ni siquiera una de las elecciones todavía libres
para designar las autoridades rectorales de las
universidades autónomas. Tampoco ninguna de las
federaciones estudiantiles de las más grandes
universidades, tradicionalmente dominadas en las décadas
anteriores por movimientos de izquierda. Y, lo que es
más novedoso aún, el discurso y la acción oficialista
han logrado empujar hacia la actividad y la protesta
política a los estudiantes de las universidades
privadas, tradicionalmente más pasivas.
Tampoco en el campo de los intelectuales le ha ido muy
bien a la revolución bolivariana. A pesar de los
petrodólares invertidos en eventos internacionales
festivales mundiales de poesía, congresos
internacionales de filosofía, jugosos premios literarios
concedidos amañadamente a los amigos extranjeros del
régimen y del trabajo por mantener en Caracas un staff
de "pensadores" asalariados para que compensen la baja
productividad y representatividad de los nacionales, la
llamada revolución bolivariana no es un objeto lo
suficientemente atractivo para el mundo intelectual
internacional.
No hay por ninguna parte, como en la época del
entusiasmo primigenio por el fidelismo, el sandinismo o
el movimiento de Allende, documentos de escritores
reconocidos de la izquierda por ejemplo, García
Márquez, Carlos Monsiváis, Jorge Edwards, o el propio
Saramago, que hizo turismo político financiado y luego
guardó silencio quebrando lanzas a favor de una
supuesta revolución que se autopostula como amenazada
por una inminente invasión del imperio yanqui.
Hay sí, para qué olvidarlo, una batería de schollars
estadounidenses y europeos que, por largos años, movidos
básicamente por su pasión antinorteamericana, reciclaron
sus esperanzas ya agotadas por un movimiento
anticapitalista en el proyecto bolivariano. Pero cada
vez son menos. O más cínicos. Y ha comenzado a ocurrir
tuve la oportunidad de vivirlo de primera mano en una
reunión reciente en Madrid, y en otra en Asunción,
Paraguay una posición muy curiosa, la de izquierdistas
europeos que dicen guardar todavía simpatías ("con todos
sus errores", aclaran) por el comunismo cubano pero
desprecian de manera profunda, intelectual y éticamente,
la "boconería, ignorancia y nuevo riquismo" de los
representantes del proyecto bolivariano.
No hay vuelta atrás. Que yo sepa, en estos diez años,
ninguno de los académicos, científicos o artistas
venezolanos que han adversado el autoritarismo chavista
han decidido para hablar en el lenguaje oficialista
saltar la talanquera y ponerse una camisa roja. En
cambio, el proceso inverso ocurre con cada vez más
celeridad.
Para los voceros de la cúpula militar con apoyo civil
que dirige el proceso rojo, esto no es un problema.
Miran fijamente a la cámara, toman en sus manos su
cuchillo de certidumbres inalterables y declaran: "Los
intelectuales, científicos, académicos que nos adversan
son todos de la oligarquía, lacayos del imperio,
pendejos vendepatria". Luego se levantan con la pereza
intelectual delatándoles en sus ojos sin que ellos
mismos la puedan ver.
El Nacional, 7
de marzo de 2010
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