De Interés

 

Veinticinco encuentros personales con gente que sabe lo que dice
El 29 de junio se presentará Ciudad, espacio público y cultura urbana. Veinticinco conferencias de la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas, libro compilado por Tulio Hernández, producto de la actividad de la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas

 

Por Tulio Hernández

 

 

Ahora que, recién salido de imprenta, tengo en mis manos "Ciudad, espacio público y cultura urbana. Veinticinco conferencias de la Cátedra Permanente de Imágenes Urbanas", caigo en cuenta que más que el resultado de una indagación documental lo que se halla reunido en las páginas de este libro es el testimonio de veinticinco encuentros personales entre los autores invitados y los diversos públicos que han seguido la Cátedra desde su fundación.

Fueron encuentros fundamentalmente divulgativos, de exposición de saberes trabajados por especialistas, para públicos no necesariamente especializados y fuera del marco de la rigurosidad académica. Pero, para el autor de estas líneas, ha sido también una larga saga de relaciones profesionales y personales con especialistas de diversas áreas, nacionalidades y prestigios --desde superestrellas mediáticas hasta esquivos investigadores estrictamente cuidadosos de su bajo perfil-- que han ido generando una memoria que es también afectiva y celebratoria.

Incluyendo la de César Aira --gestionada por Blanca Strepponi-- quien no pudo venir a leerla, cada una de esas conferencias, fueron elaboradas o reelaboradas especialmente para el formato de la Cátedra.

Incluso, algunas de ellas, fueron concebidas en estrecha cooperación de mi parte con el invitado de ocasión.

Es el caso de Adriano González León. En varias ocasiones, antes de la conferencia, Adriano me llamó compulsivamente para decirme algo así como: "Oye, chico, ya que me metiste en este paquete, vente para que me expliques mejor lo que quieres". Entonces me iba a la barra del Herford Grill, en Las Mercedes, tomábamos algo, revisábamos una y otra vez el esquema sin llegar nunca a uno que le gustara plenamente. Al final, la noche de la conferencia Adriano no siguió índice alguno, nos llevó de viaje por los bares bohemios de París, Madrid, Buenos Aires y, por supuesto, Sabana Grande, recitó y cantó versos, y los asistentes, seducidos, le dedicaron una gran ovación.

Inolvidable, también, la conferencia de Juan Nuño. Fue su última presentación pública.

Aunque sabía que pronto iba a morir, Nuño se presentó en la sala atestada de gente con la ponencia rigurosamente escrita. Sin autoconmiseración ni referencia alguna a su penosa enfermedad, y con una voz fuerte y templada que no parecía de un hombre cuya vida se apagaba, literalmente hipnotizó a un auditorio que seguía con encantamiento el lúcido y magistral ensayo, no exento de su habitual ironía, que hoy, a mi juicio, es el corazón intelectual de este libro.

No menos grata y brillante fue la presentación de Manuel Bermúdez. Su título, "Hablantes de azules lomas y beatíficas palomas", era ya un buen augurio. Manuel, cuya sabiduría era tan inmensa como su modestia, hizo aquella noche una conferencia que versaba sobre la ciudad como hablante. Se paseó por Pérez Bonalde y el verso aquel de "la odalisca dormida a los pies del sultán enamorado"; imitó la cháchara beisbolera radiofónica de los años cincuenta; se regodeo en el habla de Borís Izaguirre como epítome de la sintaxis, la proxémica y la gramática de la Caracas posmoderna, y subió a los barrios pobres con la oralidad urbana convertida en escritura en Cerrícolas de Angel Gustavo Infante.

La más complicada de todas las sesiones fue cuando, gracias a la intervención de Rocco Mangieri, logramos traer a Umberto Eco. Inicialmente el evento se iba a realizar en una sala para 450 personas en el Ateneo de Caracas, pero una verdadera poblada de personas airadas ante el agotamiento de los cupos nos obligó a mudarla al Teatro Teresa Carreño, donde más o menos dos mil butacas fueron ocupadas por los ya más calmados seguidores del superstar de la semiología global.

Ahora que la palabra hablada se ha vuelto libro pienso que ha sido un gusto y un gran privilegio mirar y escuchar en silencio a esta saga de autores interesados, todos, en que la ciudades, y en general la vida, sean más amables, generosas, placenteras y festivas para todo y para todos.

El Nacional, 26 de junio de 2010

 

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