Todo lo que escribe Mario Vargas Llosa
lo escribe a mano. Novelas enteras, ensayos y artículos de
opinión surgen de ese ritmo mecánico, de esa cadencia
muscular que dice necesitar. Sospecha que pertenece a la
última generación de autores que dependen de la libreta y
el lapicero, pero defiende al libro impreso pues no cree
que desaparezca.

Mario Vargas Llosa considera que, a
excepción de Venezuela, Cuba y Bolivia, en el resto de
América Latina la izquierda que manda es renovada y
democrática (Nicola Rocco)
El escritor peruano
pasó 24 horas intensas en Caracas. Aterrizó a las tres de
la tarde del sábado, a las seis ofreció una rueda de
prensa y a las diez acudió como espectador de lujo al
montaje Al pie del Támesis, dirigida por Héctor
Manrique, basada en una obra de teatro de Vargas Llosa. En
los ratos previos a la función, estremeció los espacios
culturales del Trasnocho al ser protagonista de una
ovación multitudinaria, saludó y firmó imprevistamente
algunos libros.
Aunque no haya
cambiado su método literario -basado, como confiesa, en
imágenes de la memoria que fecundan su imaginación,
reposados apuntes escritos y un trabajo posterior
sistemático y de mucha relectura-, ha evolucionado en sus
experiencias de hombre literario, y sobre todo político,
cuestionándose y cuestionando aquellos principios del
socialismo que sazonaron la utopía social de tantos
intelectuales de los setenta.
Vargas Llosa agita
la bandera de demócrata consumado. Ya no es el
izquierdista revolucionario como cuando "era muy joven".
Después de un proceso que describe como largo y
traumático, pleno de desencantos y desmoronamiento de
utopías, defiende la democracia, "con todas sus
imperfecciones", como el mejor sistema político que una
sociedad puede tener. Celebra a esa izquierda del nuevo
siglo, que decidió jugar la carta democrática,
fortaleciéndola, y critica a aquella otra que sigue
aferrada a viejos esquemas que han demostrado ser
infértiles.
-Usted ha dicho
reiteradamente que las democracias son imperfectas. ¿Cree
que eso haya provocado que la izquierda esté retomando el
poder en América Latina? ¿Lo ve como una amenaza para las
libertades democráticas?
-El fenómeno de
América Latina es interesante porque, por primera vez, hay
una izquierda que está jugando la carta democrática.
Cuando yo era joven, la izquierda consideraba que la
democracia era una farsa que justificaba la explotación
social. Afortunadamente, eso ha cambiado para ciertas
izquierdas. Es el caso de Chile, donde el socialismo era
muy radical y ahora es un exitoso pilar democrático. En
Brasil también pasó, de manera sorprendente, pues hace 20
años Lula no era demócrata y ahora lo es a carta cabal y
desde el punto de vista económico es un liberal clásico.
Esa izquierda, cuyos mitos han caído por su propio peso y
se ha renovado, es bienvenida.
"El caso de
Venezuela es distinto porque su Gobierno cree en la
democracia. Cree en un tipo de democracia que no lo es,
autoritaria, que irrespeta libertades, discrimina y que
sigue una política económica que ha fracasado en todo el
mundo. Por eso se hundió la Unión Soviética, por eso China
dio un volteretazo a una economía de mercado con gobierno
autoritario y por eso Cuba es un país misérrimo. Esa
izquierda anacrónica sólo está presente en Venezuela, Cuba
y Bolivia. Incluso en Ecuador su pueblo frenó ese proceso.
En el resto de América Latina yo no veo ese vuelco hacia
la izquierda. Esa es un visión pesimista de la situación".
-Usted calificó
como "siniestra nube negra" lo que ocurre políticamente en
Venezuela. ¿Cuándo cree que se disperse esa nube?
-Esa respuesta la
deben dar los venezolanos. Quienes gobiernan este país
fueron escogidos por los propios venezolanos. Los pueblos
a veces se equivocan y lo pagan carísimo. Tienen los
gobiernos que eligen tener aunque luego se arrepientan.
Eso debería servirnos de escarmiento para no caer de nuevo
en el error. Me espanta ver, en América Latina, ejemplos
absolutamente flagrantes de autoritarismo y que aún
algunos sectores crean que es el camino del desarrollo y
la justicia. Esa ceguera hay que combatirla, recordando lo
que significa en corrupción, violencia y falta de
libertad.
-Hace muy pocos
días, en un encuentro, los mandatarios de Ecuador y
Venezuela abogaron por limitar la actividad de los medios
de comunicación. ¿Cómo pueden los medios independientes
enfrentar esta tendencia?
-Protestando y
haciendo resistencia. Ya sabemos qué significa que un
gobierno empiece a recortar la libertad de los medios: eso
conduce a una inevitable dictadura. Y si no queremos una
dictadura, cuando se comienza a limitar a los medios hay
que movilizar la opinión pública tanto adentro como
internacional. Sobre ese tema hay gran sensibilidad en el
mundo. Ustedes lo vieron cuando el Gobierno cerró RCTV. La
movilización fue inmensa. Yo creo que lo único que cabe es
protestar con todos los mecanismos que la democracia
permite. Cuando se cierran medios, lo que viene es una
dictadura. No hay una sola sociedad sin medios críticos
que sea democrática.
Hombre de
teatro
Su obra más
conocida es narrativa. Sin embargo, Vargas Llosa revela
que el teatro fue siempre "su amor paralelo". Dice que ver
un montaje en las tablas basado en alguna de sus obras
siempre le alegra. Al pie del Támesis la ha visto
en dos versiones: en Lima, dirigida por su coterráneo Luis
Peirano, y en Caracas, por Héctor Manrique. Aquí, esa
experiencia puede que adquiera un matiz especial pues el
hecho que inspiró a Vargas Llosa para que la escribiera
está protagonizado por Esdras Parra, poeta venezolano que
cambió quirúrgicamente de sexo en los años setenta.
-¿En qué
proyecto trabaja actualmente?
-Desde hace algún
tiempo trabajo en una novela basada en Roger Casement, un
polémico personaje histórico que descubrí leyendo una
autobiografía de Joseph Conrad. Es un personaje novelesco,
con mucha sombra como para poder trabajar, más o menos, en
una obra en torno a Casement, a su época y a los mundos en
los que se movió.
-¿Qué ha
significado la tecnología para usted y qué cree que
significa para la literatura?
-Yo sigo
escribiendo todo a mano. Sólo que ahora cuando paso a
limpio, lo hago en computadora y no en máquina de
escribir. Pero yo creo que son muy pesimistas esas
posiciones de que el libro impreso vaya a desaparecer. La
literatura siempre será una forma de crear ficción aunque
ahora haya otras maneras. Pero entre ellas no debería
surgir una competencia feroz.
El esdras de Mario
La idea de escribir sobre dos amigos de infancia que se
reencuentran siempre había rondado a Mario Vargas Llosa
pero nunca había logrado concretarlo.
La inspiración
llegó con una anécdota del escritor Guillermo Cabrera
Infante. Le dijo "¿Te acuerdas de Esdras Parra? Lo
recordaba "perfectamente" por sus visitas a la Caracas
literaria de los 60: "Era un joven más bien tímido que
dirigía la revista Imagen con la que yo colaboré".
Cabrera Infante
siguió contando: "Dejé de ver a Esdras mucho tiempo
hasta que lo invité a la casa porque supe que estaba en
Londres. ¡Me llevé la sorpresa del siglo porque se
presentó una señora! Yo metí la pata muchas veces porque
no le daba el tratamiento debido". De esa anécdota
surgió Al pie del Támesis.