Juan Carlos Gené
1928-2012
Juan Carlos Gené:
el último patriarca
Por
Susana Freire
Se podría decir que fue autor,
actor, director, docente, creador, pero, por toda su
trayectoria aquí y en el exterior, se puede decir
que Juan Carlos Gené fue un artista que hizo del
teatro su forma de vida. "Lo que hago lo siento y lo
practico con la misma devoción y pasión", decía, y
esto nadie lo podía discutir.
Había nacido
el 5 de noviembre de 1928, en el barrio de Balvanera,
y como reconoció en una entrevista, se consideraba
integrante de una generación influida desde cuando
eran niños por la Guerra Civil española, y
posteriormente, también signada por la irrupción del
fascismo contra el socialismo y por la Segunda
Guerra Mundial.
En cierta
forma, esta influencia lo marcó toda la vida a tal
punto que en julio de 1976, frente a la dictadura
militar, debió exiliarse en Venezuela, donde estuvo
18 años, hasta que, en 1993, regresó a la Argentina
donde inició una intensa actividad teatral.
En aquel país
caribeño había fundado el Grupo Actoral 80 y cuando
llegó al país se desempeñó como director general del
Teatro San Martín y director del Celcit (Centro
Latinoamericano de Creación e Investigación
Teatral), cargo que se sumó a los que había
realizado anteriormente como secretario general y
presidente del gremio de actores durante 11 años y
director de Canal 7 en 1973.
Pero, sin
lugar a dudas, su mayor legado residió en lo
artístico, sobre todo en la dramaturgia y en la
docencia, bajo cuya mirada surgieron nuevos y
talentosos intérpretes.
Como maestro,
Juan Carlos Gené enseñaba que había que guardar la
liturgia de lo sagrado, donde no tiene que sobrar
nada: cada objeto debe ser funcional a la obra, a la
verdad que en escena se está poniendo en juego y que
cuando uno hacía teatro no podía desprenderse de la
realidad, hay una dependencia espacial, de tiempo,
de sala, de público.
En su
producción autoral no faltó una crítica social en la
que muestra, entrelazando humor y dolor, fantasía y
realidad, a los personajes que se aferran a la vida
persiguiendo sueños que a veces son imposibles.
Entre sus
obras teatrales se destacan El herrero y el
diablo, Ulf, Todo verde y un árbol lila, Ritorno a
Corallina , El sueño y la vigilia, Golpes a
mi puerta, El inglés, Memorias bajo la mesa ,
piezas que dirigió él mismo como era su costumbre:
"Para mí escribir una obra es un paso de un proceso
que termina cuando me subo a un escenario. Será por
eso por lo que no me gusta que otros monten mis
piezas, podrán ser puestas brillantes, pero las
siento ajenas".
No tardó en
sobresalir en la pantalla chica con títulos como
Cosa juzgada (1969), que marcó un hito muy
importante en la televisión argentina al dramatizar
los casos judiciales de nuestro país; La santa
(1997), Los gringos (1984), Pájaro
ángel (1974), Alguien como usted (1973),
Alguien como vos (1973), medio que lo
estimuló para realizar guiones de películas como
Gracias por el fuego (1984) y La Raulito
(1975).
Toda esta
tarea como autor no le impedía subir al escenario
para dar vida a diversos personajes ni colocarse en
el rol de director. Dio vida a los personajes de
Minetti, Copenhague y Volpone, por
mencionar algunos muy representativos, y dirigió a
autores como Shakespeare, Alfonso Sastre, Eichelbaum,
Skármeta, Tennessee Williams, Cabrujas. Son
múltiples los títulos que incluyen tanto autores
nacionales como extranjeros. Pero, entre éstos,
había uno en especial que lo atraía profundamente y
que no se puede dejar de mencionar: Federico García
Lorca, autor con el que se despidió de la escena con
una versión que Gené había realizado de Bodas de
sangre (2011). "Uno no termina de saber lo que
la memoria recuerda o lo que la memoria inventa",
dijo en una entrevista a La Nacion, después de
repasar algunos hechos muy significativos de su
niñez, y que están íntimamente ligados con Federico
García Lorca. Porque el texto del poeta español y su
vida personal parecen haber encontrado una ida y
vuelta que lo terminó conmoviendo cuando aproxima
recuerdos de infancia en los que su familia española
le marcó un camino muy certero y definitivamente
poético. Esta relación "tan raigal", como él la
llamaba, con García Lorca, se proyectó en varios
espectáculos que Gené creó en la década del 80 y 90.
Nunca puso una pieza de Lorca de manera integral.
Prefirió jugar apasionadamente con acontecimientos
de su vida, con sus textos, y lo hizo en
experiencias como El memorial del cordero
asesinado (1986), Cuerpos presentes entre los
naranjos y la hierbabuena (1990), Delicadas
criaturas del aire (1993) y Aquel mar es mi
mar (1998), entre otros trabajos. "El mundo de
Lorca es como si fuera mi propia naturaleza
-comentaba Gené-. Es una cosa muy difícil de
explicar. Sobre todo cuando el teatro de Lorca
plantea, en su época, una violencia, una fuerza, una
revelación. Creo que muy pocos dramaturgos de su
tiempo tuvieron su fuerza conmovedora. Y, además,
hasta tiene un modo muy particular de exponer lo
humano con la textura de lo español."
En los
últimos años, el tema de la muerte estaba presente
en su pensamiento y sentía que cuando se alcanzara
la meta debía prepararse para partir. El alcanzó
muchas metas y todavía tenía proyectos para
realizar. Aunque no pudo concretar todos, sin
embargo, se dio el gusto de seguir, hasta el último
momento, subiendo a escena para una función más. De
hecho, el año pasado montó en el Teatro Presidente
Alvear su versión de Hamlet que fue
protagonizada por Esmeralda Mitre y Mike Amigorena.
Sus restos
serán trasladados hoy, a las 14, al Panteón de
Actores del cementerio de la Chacarita..