Sigo leyendo a Ibsen
Martínez aunque me acompleja su exceso de cultura. ¡¡Qué
manera de saber cosas, Dios mío!! Sobre todo para
alguien como yo: inculto, que cada vez quiero saber
menos, que creo que el conocimiento, el arte, la ciencia
y la filosofía, son cosas que al incrementar nuestros
saberes, nos alejan del Espíritu. Nos distraen,
nos bloquean el acceso a las profundidades más
insondables del alma en las que parimos nuestro “Ser”.
¡¡Ese deleite supremo –equivalente a unas 80 obras de
teatro– que es intuir borrosamente la noción de Dios!!